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Concentrado antes de empezar |
La noche previa ha sido tranquila, mi cuerpo descansó tras un día de paseo por la playa, paella en el paseo marítimo y visita a la Expo del corredor para recoger el dorsal y hacer algunas compras. Abro los ojos a las 5:49, poco antes de que sonara el despertador, programado para las 6. Pese a los nervios previos a una gran cita, no me cuesta demasiado conciliar el sueño, aunque mientras duermo mi mente divaga en sueños extraños. Sólo recuerdo que moría Cristiano Ronaldo. ¿Alguna interpretación? Duchita, cereales, vídeos de motivación, repaso que no se me olvide nada y salgo a la noche valenciana a esperar el tranvía acompañado por Mathilde, amiga francesa que hará de fotógrafa. En la solitaria parada compartimos asiento con dos hombres de aspecto sospechoso durante unos minutos. Me pregunta si estoy nervioso. Un poco, respondo. Llevo tres meses entrenando para este día. Es día de examen pero no siento el temor de los días de colegio, más bien el ansia del día de Reyes, de esos días en que esperas que pase algo especial.
Tras el tranvía tomamos un metro y aquí estoy, en la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, en pantalón corto, con un número en la camiseta y una tirita en la nariz para respirar mejor, mezclado entre miles de corredores esperando que un tipo dispare al aire dándonos así permiso para empezar a correr 42 kilómetros 195 metros. Y todos los allí congregados, equipados de relojes con gps, ipods, y demás adelantos que nos proporciona la tecnología de hoy, corremos esa distancia porque hace más de 2.000 años un tal Filípides completó esa misma distancia, que separa las ciudades griegas de Marathon y Atenas, para avisar de que los persas habían sido derrotados para a continuación caer muerto por el esfuerzo. Suena absurdo. No lo es.
Con 42 kilómetros por delante |
Llega el momento. La marea humana comienza a moverse en la parte delantera. 3 minutos después paso el arco de salida y mi cronómetro se pone en marcha, 1, 2, 3, 4... suena la canción brasileña 'Ai se eu te pego', amigos, familiares y curiosos animan, fotos y más fotos. Los kilómetros vuelan, las sensaciones inmejorables. Grupos de música tocan en la calle y suben la moral, niños que chocan la mano, jóvenes valencianas vestidas de falleras, un grupo disfrazado de pitufos pone la nota de color (azul), y les choco la mano también. Paso el kilómetro 10 en 48.20, algo más rápido que mi idea inicial, que era pasarlo en 50' ¿Me como el mundo? No. Lo he leído y releído, el Maratón empieza en el kilómetro 30.
Las conversaciones en el pelotón de corredores son vivas, unos hablan de maratones, otros piden al público que aplaudan, y los más bromistas sueltan alguna gracia que despiertan las risas generales. El valenciano también suena, como no podía ser de otra forma, y me topo con algunos de los 400 italianos que participan en la prueba. Del 10 al 15 (donde tomo mi primer gel de hidratos) hago 23:58, un minuto más rápido que el ritmo que me había propuesto. Es difícil contenerse y me digo que puedo pagarlo al final, así que coincidiendo con que por fin me topo con el numeroso grupo que sigue a la liebre de 3h30, me quedo con ellos unos kilómetros. Ir en grupo protege del aire, pero llega a agobiarme y quiero sentirme más libre, así que los sobrepaso y veo en la camiseta de un corredor delante mía una inscripción que me es familiar. 'Unyko'. Es el nombre de uno de los blogs que sigo, el de Javier, así que lo saludo, nos preguntamos qué tal vamos, qué tiempo queremos hacer y nos acordamos de algunos blogueros más antes de terminar la conversación, no quiero gastar fuerzas ni hacérselas gastar.
Llegamos al kilómetro 20 y tal y como he ido haciendo hasta el momento, bebo agua en todos los avituallamientos. Nos acercamos al Medio Maratón y la música de Carros de Fuego suena a todo volumen de un altavoz. Piel de gallina. Pasamos el 21 y le digo a Javier que a partir de aquí todo es territorio virgen para mi. "No te preocupes, el maratón empieza en el 30", me responde. Voy con buenas sensaciones, y tengo un colchón de 4 minutos para bajara de 3h30 pensando en un posible bajón final. Los kilómetros pasan entre gente en bici que aprovisiona de líquido y comida a amigos y familiares, público que me da alas gritando mi nombre, que aparece escrito en el dorsal, paradas a orinar de algunos corredores, estiramientos de otros, y las primeras víctimas del Maratón, que caminan con rostro derrotado por la desilusión.
Estos iban "un poco" más rápido |
El recorrido iba siendo muy llano, tal y como esperaba, por lo que me sorprenden dos pasos por sendos túneles con sus correspondientes bajadas y subidas, que realizo sin forzar demasiado. El kilómetro 30 se acerca. El temido muro, pesadilla de tantos corredores, el lugar donde se acaban los hidratos y tiramos de grasas, donde el tio del mazo te dice, chico, hasta aquí has llegado, no eres lo suficientemente bueno. No eres Filípides. Y nos baja a la tierra. Con esta carta de presentación, mi encuentro con el cartel del kilómetro 30 fue más bien cordial. "Tu no me has visto y yo a ti tampoco, ¿de acuerdo?" Pero sí que lo vi. No de frente, Dios me libre, pero si de reojo. Y cuando lo miré pude oírlo decir "ya no habláis tanto como al principio eh", "ya no os cruzáis en adelantamientos temerarios". Y nadie le respondía. Silencio y concentración zancada a zancada.
Llegamos al 32 y una espectadora, con su mejor intención, nos advierte del logro "¡ya habéis pasado lo peor, ya habéis pasado el muro!". A lo que un corredor que marchaba cerca mía me hizo sonreír al comentar resignado "¿qué hemos pasado el muro? Yo no me he dado cuenta de haberlo pasado". Siento que mi musculatura se resiente, que ya el paso no es tan alegre, pero sin embargo los tiempos no son tan malos, sigo la inercia que he venido arrastrando hasta entonces y paso por el 35 en 2 horas 53, haciendo el tramo entre el 30 y el 35 por debajo de los 25 minutos.
Me veo cerca de llegar a la meta. Sólo 7 kilómetros. Me digo que un poco más que como de mi casa al corte inglés y volver. Me echo algo de agua por encima, me ofrecen un trozo de plátano, se me cae y lo recojo del asfalto, me lo como, y el corredor que me había dado el plátano, me ofrece el final de su bebida isotónica "para que bajes el plátano", me dice. Lo acepto y me siento conmovido por esa solidaridad tan sincera que existe en este deporte entre completos desconocidos. Sigo avanzando y me tomo el tercer y último gel, bajo un poco el ritmo y en el 38 paso por primera vez por encima de 5' el kilómetro. Sufro y me acuerdo de los amigos del máster, que durante las semanas previas me han dado muchos ánimos y sé que están un poco pendientes de mi, veo gente andando y dan ganas de andar. "No voy a andar, voy a correr, soy como un robot, solo tengo que seguir adelante mecánicamente, cuatro kilómetros no son nada", me digo. Veo a un corredor con la camiseta del Maratón Jerez avanzar muy poco a poco, le paso sin muchas alegrías y le suelto un "vamos paisano, viva Jerez".
La meta me esperaba |
Paso el 39 en 5'14'', mi cara ya es de sufrimiento. Siento la emoción, que lloro sin lágrimas, de fondo oigo mi nombre alguna vez, un "ya lo tenéis hecho" que no sé de donde proviene, los pies de los de al lado ya no van rectos, ya no puedo chocar la mano de los niños, adelanto a pocos, me adelantan algunos más, cierro los ojos algunos momentos, los abro, los cierro, el sol está arriba, de frente. No sé si hemos pasado antes por este lugar o no, no miro los edificios que me rodean, solo al frente. Veo por primera vez una nueva decena, entramos en el kilómetro 40 completando en 5'28 el anterior. "Venga que son 10 minutos", grita alguien, parece mucho tiempo, demasiado, acorto la zancada un poco más, solo hay que seguir, la meta llegará en algún momento, no se puede correr hasta la eternidad, me frenarán, esos 10 minutos pasarán, sufro pero disfruto, ya sé que voy a llegar, que desde el primer metro hasta el último no me voy a detener. Miro el reloj y sé que bajo de 3h30. Que ese objetivo personal que tenía sin gritarlo mucho por ahí por no pasarme de atrevido, se iba a hacer realidad.
Paso el 41 haciendo 5'34'', ya estoy ahí, ya llego, devoro metros y metros, "voy a ser maratoniano", uno de esos a los que con tanto respeto miraba cuando me contaban que habían terminado la prueba. Mi cara llora sin lágrimas, el público lo ve y dice más mi nombre, no cambio el ritmo por muy poco que quede. La Ciudad de las Artes y las Ciencias está ahí, me sale una sonrisa, abro bien los ojos, siento que los músculos de la pierna derecha quieren guerra, trop tard, ya no podéis hacerme nada, cierro los ojos, abro los ojos.
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Ya no sonreía tanto como al empezar |
Llego al kilómetro 42. 5'34 también. Quedan 195 metros. Llego a la pasarela azul sobre el agua, a la recta de meta en la que siento que soy el único corredor, miro hacia la grada, levanto los brazos desde 100 metros antes, "¡lo conseguí, sí!", me grito. Veo ahí la meta pero me parece extraño el concepto de detenerme. ¿De verdad me paro ahí? Pienso en esos días de entreno y en las veces que he visualizado el momento de cruzar la meta. Paso bajo el arco, paro el reloj. 3 horas 29 minutos 16 segundos que empezaron en 1, 2, 3 y 4. 42 kilómetros 195 metros que empezaron en 1, 2, 3 y 4. Camino con torpeza, algo aturdido, mi cara debe ser muy expresiva por el peso de los kilómetros, me sonríen poniéndome la medalla, me sonríen dándome la bolsa con agua, plátano, powerade y naranjas. Camino y durante muchos minutos sigo viendo llegar a más y más corredores, y cuánto más tarde llegan, más me fascina la capacidad de sufrimiento y voluntad del ser humano.
Lo logré. Y durante todo este viaje hacia las entrañas de Marathon siguiendo los pasos de Filípides, confirmé lo que ya sospechaba. Corremos cuando somos niños y en algún momento de nuestra vida eso termina y nos volvemos adultos. Serios. Perdemos la capacidad de jugar, de correr por el mero hecho de sentirnos más libres, de sentir el aire rozándonos durante una mañana fresca mientras el mundo duerme.
De correr por el hecho de sentirnos vivos.
Vídeo de entrada en meta (aparezco al final): http://www.corriendovoy.com/video.php?id=475&video=33508
PD: Mi Garmin marcó 600 metros más. Los casos que he consultado coinciden en que existió error de medición del recorrido.
PD: Mi Garmin marcó 600 metros más. Los casos que he consultado coinciden en que existió error de medición del recorrido.
*Fotos cortesía de Mathilde Bazin