martes, 7 de octubre de 2014

Maratón de Berlín: La Crónica

Miles de globos amarillos aparecían a pocos metros de mí atrapados en una red a la espera de ser liberados con el pistoletazo de salida. 40 mil personas aguardábamos ese momento con la impaciencia propia del que ha preparado algo durante meses y sabe que llega la hora del examen. Delante mía, sin poder verlos pero intuyendo su presencia, los atletas de elite visualizan récords mundiales y portadas de prensa.


Espectacular salida
A mi lado, corredores llegados de decenas de países. Todos compartimos sueños y espacio en un rincón de Berlín. En esa concentración tan cosmopolita mis ojos se topan con una camiseta vieja en la que se lee "Media Maratón de Jerez de la Frontera". Me sorprendo y me acerco a comprobar si de verdad su portador es de mi tierra y entablo una agradable conversación con un atleta de Dos Hermanas, Domingo García Ramos, que como yo buscará bajar de las 3 horas en la carrera, en su caso por segunda vez. Mi camiseta, que ya ha cumplido su función de protegerme del frío unos minutos, dice 'Medio Maratón de Getafe', e igual que la de Domingo y que los miles de globos amarillos, vuela un minuto antes de que echemos a correr. Mi mano se aprieta contra la de Domingo. Nos deseamos suerte.

Durante los primeros kilómetros una frase me acompaña invitándome a grabar todas las imágenes que veo "estoy corriendo el maratón de Berlín", me digo. El objetivo es bajar de 3 horas y si se puede algo mejor "bienvenido sea". Quedo con Liliana en vernos en los kilómetros 7, 21 y 38, donde estará acompañada de Raquel, una madrileña que también viene acompañando a otro corredor, Berni, árbitro de fútbol en divisiones inferiores de Galicia y que busca completar su tercer maratón con apenas 23 años.

En la Feria del Corredor, el día antes de la prueba

Soy consciente de que el Garmin me acabará marcando más distancia, así que calculo los tiempos de paso en base a 43 kilómetros para no llevarme sorpresas desagradables. Los primeros kilómetros pasan cómodos, aunque tengo la molesta sensación de que tengo ganas de orinar y me planteo si no me tocará parar más adelante. Por suerte las ganas desaparecen a los pocos kms. Según la organización paso los primeros 5 kilómetros a 4'07 y al llegar al 7 localizo a Liliana tal y como habíamos acordado. Le dejo ver que todo va bien y estoy disfrutando. La temperatura es perfecta, no hay viento y el terreno es llano. Hoy no valen excusas. Hay bastantes avituallamientos y voy con la idea de beber cada cinco kilómetros en los incómodos vasos de plástico. Así llego al kilómetro 10 en 41 minutos 8 segundos con el mismo parcial que en los cinco primeros, señal de que voy a un ritmo constante.

Las calles están repletas de gente animando y los kilómetros pasan muy rápido. Al acercarme al 15 decido tomarme el primer gel al divisar el punto de avituallamiento y una vez ingerido se me acaban las mesas y me quedo sin agua. Siento la incomodidad de llevar la boca un poco pastosa por no haberlo bajado con agua pero no siento señales de deshidratación. Del 10 al 15 marco mi parcial más rápido, a 4'05 de media. "Ya está hecho más de un tercio y en breve vuelvo a ver a Liliana", pienso. El paso por la media maratón va a ser la primera gran referencia seria de cómo puedo acabar. Desde el inicio prefiero tener un colchón de minutos porque presiento que al final va a ser inevitable bajar el ritmo. Al paso por la media me acuerdo de eso que leí más de una vez "al pasar por la media hay que ir muy entero, si no el maratón se hace duro". En la salida Domingo me lo había puesto aún peor "hasta el 30 hay que ir con un as en la manga".

Restos del Muro de Berlín ¿aparecería en carrera el temido muro?
Paso la media maratón en 1 hora 27 minutos 19 segundos, saludo a Liliana con menos entusiasmo que en el km 7 y siento que empiezo a sentirme menos cómodo. Se nota en el ritmo, que ha bajado hasta 4'14'' el mil en los últimos kilómetros. A ello se une un molesto dolor que empieza a hacer aparición en un dedo fruto del roce con la zapatilla. Llevo dos semanas con ellas y no me habían dado problema hasta ahora. La mayoría de los entrenamientos los he hecho con otra zapatilla del mismo modelo, Adidas Adizero Tempo 6, sin molestias. Pasan los kilómetros y la molestia va a más. Duele en cada zancada y por un momento pienso si seré capaz de aguantar el dolor hasta meta. Me da rabia y trato de distraer la mente observando Berlín, mirando a un corredor de edad avanzada al que llevo delante desde hace varios kilómetros con la camiseta de Noruega, esquivando las duchas para evitar que la ropa me pese más de la cuenta. 

He entrenado los tres últimos meses para esto así que no me voy a dar por vencido tan rápidamente. Trato de pensar en positivo recordando los entrenos en México DF con Gerardo, el padre de Liliana, siempre dispuesto a llevarme a la otra punta de la ciudad para que no perdiera un entreno. La humedad en Playa del Carmen y El Puerto de Santa María que tanto me hizo sudar en los entrenos maratonianos. El apoyo de la gente de la A.A. Moratalaz, del Villalobos Running Team, del Club Trail Pirata de Jerez... Una rozadura no iba a ser suficiente para acabar con el sueño de cruzar la Puerta de Brandenburgo. 



Pero podía sentir la sangre. En el kilómetro 27 tomo mi segundo gel cogiendo el que reparte la organización, de la misma marca que los que llevo. Parece que me ayuda a salir del ensimismamiento que he llevado en los últimos kilómetros. Todavía es demasiado pronto para bajar el ritmo. Del 20 al 25 es de 4'18 y del 25 al 30 baja a 4'16. Los kilómetros pasan menos rápido que antes pero aún conservo fuerzas. En el 30 me centro en que me quedan 8 kilómetros para volver a ver a Liliana. 

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Entonces empieza a surcar mi mente una teoría estrafalaria. "¿Y si me quito el zapato y se lo lanzo a Liliana y sigo esos 4 kilómetros sin él?" "¿Podré correr bien?, ¿me quito uno o los dos?", me pregunto. Visualizo el momento de lanzarle el zapato e imagino su cara de sorpresa y el inmenso placer de ver el pie liberado. Imagino al fotógrafo de la organización tomándome una foto sin un zapato. Desecho la idea y vuelve a aparecer, y en esas toco el kilómetro 35. Los últimos 5 salen a 4'24''. Ya solo quedan 3 para ver a Liliana, "y ya luego son cuatro solo". Ahora los vasos de agua me los bebo enteros en los avituallamientos, aplastando el plástico para facilitar la ingesta. En el avituallamiento del km 35 el corredor de delante me da una ducha de gratis al escapársele el contenido de su vaso. Salgo de la zona de bebidas con un pequeño cambio de ritmo y siento que el pie ha cambiado de posición en el zapato y la rozadura va a peor. Intento pisar como antes pero ahora parece que el zapato golpea aún más el dedo. "Mensaje para el Álvaro del futuro: no corras más maratones", me digo. Paso el 37 y aparto de mi cabeza la idea de tirar el zapato, Bikilas y demás tonterías. "No estás pensando con claridad, si he llegado hasta aquí unos kilómetros más no son nada". Esa falta de claridad la noto en mi menor pericia a la hora de hacer cuentas mentales sobre el tiempo de llegada.

Llegando al kilómetro 38 paso por fin junto a Liliana y le hago un gesto de que voy regular, entonces ella se pone a correr mientras me graba y me habla con voz agitada, recordándome que Berlín es un sueño en el que llevo pensando meses, que lo voy a conseguir, que la Puerta de Brandenburgo está ahí, que me quiere. Después de eso ya no hay asomo de duda. Tengo que llegar. Calculo el tiempo que tengo que hacer y sé que si sigo en torno a 4'30 llego por debajo de tres horas. En algún momento veo que me marca 4'40 y me obligo a acelerar.Tengo ganas de ver la Puerta de Brandenburgo. Ganas de cruzarla y saber que me quedan 400 metros. Veo algún corredor andando pero no son muchos. 

Dennis Kimetto, un maratón de récord a 2'54 el km
Queda poco y reviso mentalmente el proceso de cómo he llegado hasta allí. Fue un día de octubre de 2013 del que solo recuerdo mi asombro con el reciente récord de Wilson Kipsang en el Maratón de Berlín. Bajo su influjo rellené la inscripción para 2014 marcando como tiempo estimado 2 horas 59 minutos. "Para estar bien situado", pensé algo egoístamente. Solo había corrido un maratón, el de Valencia 2011. Por aquel entonces llevaba un año corriendo y acabé en 3 horas 29 minutos, superando apenas en segundos mi objetivo de bajar de las 3h30' con semanas de kilometrajes mínimos. Era, por tanto, mucho el tiempo transcurrido desde el último maratón. En esos años, como sucede a todos los que empiezan, la mejora fue visible pero más enfocada en pruebas de distancias inferiores a 10 kilómetros, pista y cross, por lo que una vez me dieron la noticia de que había sido agraciado en el sorteo para participar me tocó volver a mis orígenes.

Iba a volver a ser maratoniano. Oigo ánimos de entre el público que ayudan. Voy concentrado y diviso el hotel NH que esa misma mañana, cuando íbamos hacia la salida, Berni me advirtió que veríamos con un "por aquí pasamos en el 38 o 39". Parece un momento lejano aunque solo han pasado unas horas. Del 35 al 40 voy a 4'28 de media. Ya está hecho, un 1.500 como los que tantas veces has hecho, apenas cuatro vueltas a la pista, y tienes ahí la puerta. 

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El momento llega, voy a cruzar la Puerta de Brandenburgo. Miro fijamente el carro tirado por caballos en el que viaja, tal y como nos explicaron en la visita guiada, la Diosa Victoria. Siento que voy a conseguir lo que me proponía, pero no me embarga la emoción que imaginaba, el único pensamiento es el de llegar y detenerme. Cruzo la puerta y veo el reloj pasando las 2 horas 59 minutos, sé que llego sin problema y mientras alguno esprinta yo bajo el ritmo y hago los últimos metros tranquilamente. Después de tantos cálculos y avatares ya no hay necesidad de ganar unos segundos. Me detengo y mientras camino con algo de dificultad suelto todo lo que llevaba dentro a base de gritos. "¡Qué locura!", repito una y otra vez soltando adrenalina. Seguramente algún alemán se pregunta que estará diciendo el loco ese. Los últimos dos kilómetros han salido a 4'23 y el tiempo oficial es de 2 h 59' 20'', puesto 1.139 y 235 de mi categoría M30, la segunda media en 1h 32'01''. Según mi Garmin salen en total 43 kilómetros a ritmo 4'10''. Luego me enteraría de que Domingo, el sevillano con el que compartí unos minutos a la salida, acabaría 8 segundos antes que yo, cumpliendo también su objetivo. 

Con Yusuke Inoue en el punto de encuentro
Voy caminando a duras penas hasta la enfermería, donde amablemente atienden las heridas en mis dedos. De ahí voy descalzo, con los calcetines con sendas manchas de sangre, al punto de encuentro, donde me tumbo en el suelo unos minutos y la emoción de pensar en lo conseguido me embarga por momentos. Allí me encuentro por casualidad con Yusuke Inoue, un corredor japonés al que conocí el 1 de enero en un rodaje en el que acompañamos a Yuki Kawauchi el atleta de elite también japonés que compagina maratones casi mensuales en 2 horas 10 minutos con su trabajo de oficinista. Le saludo, charlamos sobre la carrera y me cuenta que ha hecho 2h 51'. Nos despedimos y me encuentro con Berni, que me hace alucinar contándome que hay nuevo récord del mundo en 2h 02' 57''. Él viene feliz, ha llegado en 3h 37' tras tener problemas de estómago e incluso vomitar, pero pudo superar los problemas y acabar fuerte. Un crack. Al fin, cuando empezamos a preguntarnos si nuestras parejas no se habrán perdido por Berlín, llegan al punto de encuentro también Liliana y Raquel y vamos a por una cerveza... la aventura se acabó y toca celebrarlo. 


La mejor cerveza de mi vida

Apuramos la cerveza y me quedo casi una hora viendo cruzar corredores la Puerta de Brandenburgo. Les llamo por su nombre, que aparece en el dorsal, y les animo en español, francés e inglés, lo que muchos agradecen con un gesto. El goteo va siendo cada vez menor y ponemos rumbo a un restaurante para reponer fuerzas. Por una vez soy yo el que tiene que frenar a Liliana. "No camines tan rápido..."

Con Raquel, Berni y Liliana


PD: Mención especial a Roberto (atleta invidente) y Patxi (su guía), que por una inoportuna lesión tuvieron que retirarse en el kilómetro 15. El maratón os debe una. Con ellos compartí entreno pre-maratón y una agradable comida en Berlín el día antes de la prueba en la que también estuvieron Vicente, Charly y otros miembros de Forofos del Running, un gran grupo humano.