martes, 7 de octubre de 2014

Maratón de Berlín: La Crónica

Miles de globos amarillos aparecían a pocos metros de mí atrapados en una red a la espera de ser liberados con el pistoletazo de salida. 40 mil personas aguardábamos ese momento con la impaciencia propia del que ha preparado algo durante meses y sabe que llega la hora del examen. Delante mía, sin poder verlos pero intuyendo su presencia, los atletas de elite visualizan récords mundiales y portadas de prensa.


Espectacular salida
A mi lado, corredores llegados de decenas de países. Todos compartimos sueños y espacio en un rincón de Berlín. En esa concentración tan cosmopolita mis ojos se topan con una camiseta vieja en la que se lee "Media Maratón de Jerez de la Frontera". Me sorprendo y me acerco a comprobar si de verdad su portador es de mi tierra y entablo una agradable conversación con un atleta de Dos Hermanas, Domingo García Ramos, que como yo buscará bajar de las 3 horas en la carrera, en su caso por segunda vez. Mi camiseta, que ya ha cumplido su función de protegerme del frío unos minutos, dice 'Medio Maratón de Getafe', e igual que la de Domingo y que los miles de globos amarillos, vuela un minuto antes de que echemos a correr. Mi mano se aprieta contra la de Domingo. Nos deseamos suerte.

Durante los primeros kilómetros una frase me acompaña invitándome a grabar todas las imágenes que veo "estoy corriendo el maratón de Berlín", me digo. El objetivo es bajar de 3 horas y si se puede algo mejor "bienvenido sea". Quedo con Liliana en vernos en los kilómetros 7, 21 y 38, donde estará acompañada de Raquel, una madrileña que también viene acompañando a otro corredor, Berni, árbitro de fútbol en divisiones inferiores de Galicia y que busca completar su tercer maratón con apenas 23 años.

En la Feria del Corredor, el día antes de la prueba

Soy consciente de que el Garmin me acabará marcando más distancia, así que calculo los tiempos de paso en base a 43 kilómetros para no llevarme sorpresas desagradables. Los primeros kilómetros pasan cómodos, aunque tengo la molesta sensación de que tengo ganas de orinar y me planteo si no me tocará parar más adelante. Por suerte las ganas desaparecen a los pocos kms. Según la organización paso los primeros 5 kilómetros a 4'07 y al llegar al 7 localizo a Liliana tal y como habíamos acordado. Le dejo ver que todo va bien y estoy disfrutando. La temperatura es perfecta, no hay viento y el terreno es llano. Hoy no valen excusas. Hay bastantes avituallamientos y voy con la idea de beber cada cinco kilómetros en los incómodos vasos de plástico. Así llego al kilómetro 10 en 41 minutos 8 segundos con el mismo parcial que en los cinco primeros, señal de que voy a un ritmo constante.

Las calles están repletas de gente animando y los kilómetros pasan muy rápido. Al acercarme al 15 decido tomarme el primer gel al divisar el punto de avituallamiento y una vez ingerido se me acaban las mesas y me quedo sin agua. Siento la incomodidad de llevar la boca un poco pastosa por no haberlo bajado con agua pero no siento señales de deshidratación. Del 10 al 15 marco mi parcial más rápido, a 4'05 de media. "Ya está hecho más de un tercio y en breve vuelvo a ver a Liliana", pienso. El paso por la media maratón va a ser la primera gran referencia seria de cómo puedo acabar. Desde el inicio prefiero tener un colchón de minutos porque presiento que al final va a ser inevitable bajar el ritmo. Al paso por la media me acuerdo de eso que leí más de una vez "al pasar por la media hay que ir muy entero, si no el maratón se hace duro". En la salida Domingo me lo había puesto aún peor "hasta el 30 hay que ir con un as en la manga".

Restos del Muro de Berlín ¿aparecería en carrera el temido muro?
Paso la media maratón en 1 hora 27 minutos 19 segundos, saludo a Liliana con menos entusiasmo que en el km 7 y siento que empiezo a sentirme menos cómodo. Se nota en el ritmo, que ha bajado hasta 4'14'' el mil en los últimos kilómetros. A ello se une un molesto dolor que empieza a hacer aparición en un dedo fruto del roce con la zapatilla. Llevo dos semanas con ellas y no me habían dado problema hasta ahora. La mayoría de los entrenamientos los he hecho con otra zapatilla del mismo modelo, Adidas Adizero Tempo 6, sin molestias. Pasan los kilómetros y la molestia va a más. Duele en cada zancada y por un momento pienso si seré capaz de aguantar el dolor hasta meta. Me da rabia y trato de distraer la mente observando Berlín, mirando a un corredor de edad avanzada al que llevo delante desde hace varios kilómetros con la camiseta de Noruega, esquivando las duchas para evitar que la ropa me pese más de la cuenta. 

He entrenado los tres últimos meses para esto así que no me voy a dar por vencido tan rápidamente. Trato de pensar en positivo recordando los entrenos en México DF con Gerardo, el padre de Liliana, siempre dispuesto a llevarme a la otra punta de la ciudad para que no perdiera un entreno. La humedad en Playa del Carmen y El Puerto de Santa María que tanto me hizo sudar en los entrenos maratonianos. El apoyo de la gente de la A.A. Moratalaz, del Villalobos Running Team, del Club Trail Pirata de Jerez... Una rozadura no iba a ser suficiente para acabar con el sueño de cruzar la Puerta de Brandenburgo. 



Pero podía sentir la sangre. En el kilómetro 27 tomo mi segundo gel cogiendo el que reparte la organización, de la misma marca que los que llevo. Parece que me ayuda a salir del ensimismamiento que he llevado en los últimos kilómetros. Todavía es demasiado pronto para bajar el ritmo. Del 20 al 25 es de 4'18 y del 25 al 30 baja a 4'16. Los kilómetros pasan menos rápido que antes pero aún conservo fuerzas. En el 30 me centro en que me quedan 8 kilómetros para volver a ver a Liliana. 

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Entonces empieza a surcar mi mente una teoría estrafalaria. "¿Y si me quito el zapato y se lo lanzo a Liliana y sigo esos 4 kilómetros sin él?" "¿Podré correr bien?, ¿me quito uno o los dos?", me pregunto. Visualizo el momento de lanzarle el zapato e imagino su cara de sorpresa y el inmenso placer de ver el pie liberado. Imagino al fotógrafo de la organización tomándome una foto sin un zapato. Desecho la idea y vuelve a aparecer, y en esas toco el kilómetro 35. Los últimos 5 salen a 4'24''. Ya solo quedan 3 para ver a Liliana, "y ya luego son cuatro solo". Ahora los vasos de agua me los bebo enteros en los avituallamientos, aplastando el plástico para facilitar la ingesta. En el avituallamiento del km 35 el corredor de delante me da una ducha de gratis al escapársele el contenido de su vaso. Salgo de la zona de bebidas con un pequeño cambio de ritmo y siento que el pie ha cambiado de posición en el zapato y la rozadura va a peor. Intento pisar como antes pero ahora parece que el zapato golpea aún más el dedo. "Mensaje para el Álvaro del futuro: no corras más maratones", me digo. Paso el 37 y aparto de mi cabeza la idea de tirar el zapato, Bikilas y demás tonterías. "No estás pensando con claridad, si he llegado hasta aquí unos kilómetros más no son nada". Esa falta de claridad la noto en mi menor pericia a la hora de hacer cuentas mentales sobre el tiempo de llegada.

Llegando al kilómetro 38 paso por fin junto a Liliana y le hago un gesto de que voy regular, entonces ella se pone a correr mientras me graba y me habla con voz agitada, recordándome que Berlín es un sueño en el que llevo pensando meses, que lo voy a conseguir, que la Puerta de Brandenburgo está ahí, que me quiere. Después de eso ya no hay asomo de duda. Tengo que llegar. Calculo el tiempo que tengo que hacer y sé que si sigo en torno a 4'30 llego por debajo de tres horas. En algún momento veo que me marca 4'40 y me obligo a acelerar.Tengo ganas de ver la Puerta de Brandenburgo. Ganas de cruzarla y saber que me quedan 400 metros. Veo algún corredor andando pero no son muchos. 

Dennis Kimetto, un maratón de récord a 2'54 el km
Queda poco y reviso mentalmente el proceso de cómo he llegado hasta allí. Fue un día de octubre de 2013 del que solo recuerdo mi asombro con el reciente récord de Wilson Kipsang en el Maratón de Berlín. Bajo su influjo rellené la inscripción para 2014 marcando como tiempo estimado 2 horas 59 minutos. "Para estar bien situado", pensé algo egoístamente. Solo había corrido un maratón, el de Valencia 2011. Por aquel entonces llevaba un año corriendo y acabé en 3 horas 29 minutos, superando apenas en segundos mi objetivo de bajar de las 3h30' con semanas de kilometrajes mínimos. Era, por tanto, mucho el tiempo transcurrido desde el último maratón. En esos años, como sucede a todos los que empiezan, la mejora fue visible pero más enfocada en pruebas de distancias inferiores a 10 kilómetros, pista y cross, por lo que una vez me dieron la noticia de que había sido agraciado en el sorteo para participar me tocó volver a mis orígenes.

Iba a volver a ser maratoniano. Oigo ánimos de entre el público que ayudan. Voy concentrado y diviso el hotel NH que esa misma mañana, cuando íbamos hacia la salida, Berni me advirtió que veríamos con un "por aquí pasamos en el 38 o 39". Parece un momento lejano aunque solo han pasado unas horas. Del 35 al 40 voy a 4'28 de media. Ya está hecho, un 1.500 como los que tantas veces has hecho, apenas cuatro vueltas a la pista, y tienes ahí la puerta. 

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El momento llega, voy a cruzar la Puerta de Brandenburgo. Miro fijamente el carro tirado por caballos en el que viaja, tal y como nos explicaron en la visita guiada, la Diosa Victoria. Siento que voy a conseguir lo que me proponía, pero no me embarga la emoción que imaginaba, el único pensamiento es el de llegar y detenerme. Cruzo la puerta y veo el reloj pasando las 2 horas 59 minutos, sé que llego sin problema y mientras alguno esprinta yo bajo el ritmo y hago los últimos metros tranquilamente. Después de tantos cálculos y avatares ya no hay necesidad de ganar unos segundos. Me detengo y mientras camino con algo de dificultad suelto todo lo que llevaba dentro a base de gritos. "¡Qué locura!", repito una y otra vez soltando adrenalina. Seguramente algún alemán se pregunta que estará diciendo el loco ese. Los últimos dos kilómetros han salido a 4'23 y el tiempo oficial es de 2 h 59' 20'', puesto 1.139 y 235 de mi categoría M30, la segunda media en 1h 32'01''. Según mi Garmin salen en total 43 kilómetros a ritmo 4'10''. Luego me enteraría de que Domingo, el sevillano con el que compartí unos minutos a la salida, acabaría 8 segundos antes que yo, cumpliendo también su objetivo. 

Con Yusuke Inoue en el punto de encuentro
Voy caminando a duras penas hasta la enfermería, donde amablemente atienden las heridas en mis dedos. De ahí voy descalzo, con los calcetines con sendas manchas de sangre, al punto de encuentro, donde me tumbo en el suelo unos minutos y la emoción de pensar en lo conseguido me embarga por momentos. Allí me encuentro por casualidad con Yusuke Inoue, un corredor japonés al que conocí el 1 de enero en un rodaje en el que acompañamos a Yuki Kawauchi el atleta de elite también japonés que compagina maratones casi mensuales en 2 horas 10 minutos con su trabajo de oficinista. Le saludo, charlamos sobre la carrera y me cuenta que ha hecho 2h 51'. Nos despedimos y me encuentro con Berni, que me hace alucinar contándome que hay nuevo récord del mundo en 2h 02' 57''. Él viene feliz, ha llegado en 3h 37' tras tener problemas de estómago e incluso vomitar, pero pudo superar los problemas y acabar fuerte. Un crack. Al fin, cuando empezamos a preguntarnos si nuestras parejas no se habrán perdido por Berlín, llegan al punto de encuentro también Liliana y Raquel y vamos a por una cerveza... la aventura se acabó y toca celebrarlo. 


La mejor cerveza de mi vida

Apuramos la cerveza y me quedo casi una hora viendo cruzar corredores la Puerta de Brandenburgo. Les llamo por su nombre, que aparece en el dorsal, y les animo en español, francés e inglés, lo que muchos agradecen con un gesto. El goteo va siendo cada vez menor y ponemos rumbo a un restaurante para reponer fuerzas. Por una vez soy yo el que tiene que frenar a Liliana. "No camines tan rápido..."

Con Raquel, Berni y Liliana


PD: Mención especial a Roberto (atleta invidente) y Patxi (su guía), que por una inoportuna lesión tuvieron que retirarse en el kilómetro 15. El maratón os debe una. Con ellos compartí entreno pre-maratón y una agradable comida en Berlín el día antes de la prueba en la que también estuvieron Vicente, Charly y otros miembros de Forofos del Running, un gran grupo humano.



jueves, 25 de septiembre de 2014

Road to Berlin: Llega la hora

Esta noche duermo en Berlín, y a pocos días de estar corriendo por las calles de la capital alemana, llega el momento de los nervios. Las últimas dudas sobre el ritmo de carrera más adecuado se mezclan con la ilusión y las ganas de empezar ya a darle a la zapatilla, de sumergirme en el ambiente de las más de 40 mil personas que buscarán completar los 42 kilómetros 195 metros. La distancia mítica. Filípides. 



He visualizado durante muchos entrenos cómo será la carrera, me he visto recogiendo el agua, tomando geles, pasando junto a grupos de música, viendo el reloj al paso por la media maratón y diciéndome qué bien voy, qué cómodo. Y sobre todo, me he visto cruzando la Puerta de Brandemburgo con los vellos de punta y solo 400 metros por delante. He visto todo eso sin estar allí, y lo he visto mientras las gotas de sudor me resbalaban por la frente a las 6 de la mañana en la húmeda Playa del Carmen mexicana. Mientras, impotente e incrédulo, sentía mi incapacidad para ir más rápido a 2.300 metros de altitud en México DF. Lo he visto corriendo junto a la playa en el parque natural de Los Toruños de El Puerto de Santa María (Cádiz) o sufriendo en las cuestas de la tapia de la madrileña Casa de Campo.

Con mis compañeros de la A.A. Moratalaz
Independientemente de que vaya bien o mal, de que rompa la barrera de 3 horas o no, (sin olvidar que lo primero es disfrutar) en carrera me acordaré de la gran ayuda de Gerardo, el padre de Liliana, preocupado porque no perdiera ningún entreno llevándome y acompañándome a zonas para correr pese a las grandes distancias de México DF. De mis compañeros de la A.A. Moratalaz, que me han dado estos últimos días todo su ánimo. De Patxi, Roberto, Piccola, Olga y otros amigos que igual que yo, estarán a esa hora corriendo en Berlín, pregúntandome cómo les estará yendo. Y por supuesto de Liliana, mi gran apoyo, que tiene que soportar mis neuras con los hidratos y todos los rituales que rodean al mundo de un corredor. 

Pase lo que pase, puedo decir que el camino hacia el maratón ha merecido muy mucho la pena. Y aunque ya he corrido esta distancia en Valencia 3 años atrás, es el primer maratón que he preparado de verdad, aun con el déficit de kilómetros (una media cercana a 70 semanales) que seguramente he metido en los entrenos. Los ritmos sin embargo, han sido buenos, el maratón me ha dejado más delgado, más ágil. Mi cuerpo ha memorizado ritmos y hoy ir por encima de 4.20 es ir lento, algo inconcebible para mí poco tiempo atrás.

Dejando a un lado las reflexiones previas, este mes de septiembre comenzó con la semana de más kilometraje que haya completado en mi corta vida deportiva, 83 kilómetros. No son muchos, pero las sensaciones me dicen que mi cuerpo no estaba preparado para mucho más dados los avisos que me había dado la tibia. Coincidió esa semana con la Media Maratón de Ciudad Real - Torralba de Calatraba, una sucesión de largas rectas por el arcen de la carretera en la que viví una carrera de dos partes, la primera, hasta el kilómetro 14, formando parte de un grupo de 8 unidades que me llevó en volandas pasando el km 10 en 37 minutos. Y la segunda, cuando el ritmo se acercó a 3.30/km, cuando me quedé en solitario enfrentándome a esas interminables rectas que he mencionado, donde mi ritmo decayó hasta entrar en meta en 1:19:12... contento hasta que me doy cuenta de que al circutio le faltan en torno a 500 metros, por lo que sigo manteniendo el 1.20.34 de Getafe como mejor marca. Más allá de eso, la prueba me sirvió para darme cuenta de que las Adidas Adizero Adios Boost me resultan demasiado agresivas para largas distancias, por lo que desecho la idea de correr con ellas en Berlín y opto por unas mixtas, las Adizero Tempo, con las que estoy muy familiarizado en los entrenos.

Con Javi y Juan Andrés, en la Madrid corre por Madrid
Septiembre fue también momento para el esperado reencuentro con los compañeros de club, la A.A. Moratalaz, y muchos de los rodajes de estas dos últimas semanas han sido allí, acompañado por Marco, Gándara, Dani de Lucio, Jesús, Antonio, Gabri, Álvaro... y tantos otros compañeros de calidad atlética y humana. El último entreno de calidad llegó corriendo la Madrid corre por Madrid este domingo (10 k en 38'56''), donde corrí sin exigirme al máximo y en la que nos llevamos la sorpresa de ganar el trofeo por equipos los miembros del Villalobos Running Team, equipo creado por el maratoniano internacional Pablo Villalobos. Esta última semana, como es lógico, he bajado el pistón, tres días de entreno, hidratarse, cargarse de hidratos y tratar de descansar lo mejor posible. Ya está todo hecho y ahora solo queda recoger lo cosechado. Gracias a todos los lectores de este blog (que actualizo menos de lo que me gustaría) por acompañarme en el camino. A mi vuelta os espera una crónica con todo lo vivido. 

Un sueño, un reto

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Agosto maratoniano: Road to Berlin semanas 5-8

Se acaba agosto y entramos en el mes clave. El mes en el que si todo va bien cruzaré la berlinesa Puerta de Brandenburgo casi tres horas después de haber empezado a correr. Agosto ha sido un mes intenso en el que he podido disfrutar mucho y por fin rodar a los ritmos que me gustan después de esas dos semanas en las que la falta de oxígeno propia de los 2.300 metros de altitud de México DF me pasaba factura en cada entreno.

En la Casa de Campo, el día de la 'quedada tapiera'
El mes empezó con una semana de 72 kilómetros que empezó en Madrid y acabó en Mallorca, donde pasé unos días de vacaciones en compañía de Liliana.

Tras la soledad de tantos entrenos en tierras aztecas, busqué la compañía de otros corredores asistiendo a una de las tradicionales tapias que se celebran cada jueves en Madrid. Allí, con muy buen ambiente y en una tarde calurosa, cayeron 4 kilómetros de calentamiento y otros cuatro cuesta abajo desde uno de los puntos más altos de la Casa de Campo, que me salieron a un ritmo de 3'19 llegando tercero en el 'pique' que mantuvimos algunos de los corredores. Aunque el recorrido tuvo 90 metros de desnivel favorable, me subió la moral cuando descubrí que entre los dos únicos que llegaron pocos metros delante mía estaba José Felix Ortiz, ganador, entre otras muchas pruebas, de la media maratón Tragamillas.

Si en ese entreno me sentí muy cómodo, todo lo contrario iba a suceder en los 10 k de la cursa Pla de Na Tesa, una prueba disputada en un pequeño pueblo de Mallorca. 400 corredores en línea de salida y el peor recorrido que haya hecho nunca, una vuelta de 1 kilómetro por asfalto y 4 vueltas de 2,2 kilómetros entre asfalto y un descampado pedregoso. El resultado, 38 minutos 58 segundos sudando más que nunca en las más de 100 carreras que he corrido a causa de la humedad, lo que unido a lo aburrido y molesto del circuito, me hiciera plantearme no acabarla, pero me pudo más el orgullo y pensando en entrenar la fortaleza mental, tan necesaria de cara al maratón, aguanté y entré en meta el 8º de mi categoría y 23 de la general, justo detrás de Mavi García, ganadora femenina y actual poseedora del record femenino de 10.000 metros de las Islas Baleares con un crono de algo más de 36 minutos. Esos tres minutos de más respecto a su marca personal son una muestra de la dureza de la carrera.

De la segunda semana del mes destacaría en el plano positivo un entreno de 15 kilómetros saliendo de Hortaleza, pasando el parque Juan Carlos I dirección sur, acabando a un ritmo medio de 3'57''. En el negativo, las molestias que a final de semana tuve en la tibia, que hicieron reaparecer viejos fantasmas de periostitis llevándome a perder un día y medio de entreno como medida de precaución, dejando la semana en 50 kilómetros.

Playa de El Ancla, Puerto de Santa María

Aparcado el dolor de momento, la tercera semana de agosto transcurre en mi tierra, Andalucía, y acaba con 74 kilómetros y dos de los mejores entrenos que haya hecho nunca. El primero de ellos fueron 23 kilómetros a 4'06'' saliendo de mi casa de El Ancla, en El Puerto de Santa María rumbo a la vecina playa de Valdelagrana donde se encuentra el parque natural de Los Toruños, un oasis de paz y naturaleza junto al mar donde es frecuente ver a corredores y amantes de la bici de montaña. Me pego un buen madrugón para evitar el calor y aún así la temperatura es alta, lo que hace todavía más agradable el chapuzón post-entreno. En esta preparación, al ser principalmente en solitario, corro casi siempre con música, algo que no había hecho hasta el momento y que ayuda psicológicamente a que todo pase más rápido. En la quietud del parque, mientras en mis auriculares suena música tan variada como la de Joaquín Sabina, Ivan Ferreiro, Andrés Calamaro o temas "más de correr" como las bandas sonoras de las películas Carros de Fuego y Rocky, siento un escalofrío cuando un corredor desconocido me saluda y, sorprendido, llego a tiempo de devolvérselo. Se trata de una costumbre que tristemente está casi extinguida, y que denota la camaradería entre corredores allá donde estemos.

Con mi primo Juan, gran corredor y médico, al acabar la prueba
Tras este rodaje, el segundo buen entreno de esa semana fueron 10 k en 38'14'', a una media de 3'49 el km. Nunca había corrido un 10 k tan rápido entrenando, pero me dejé llevar por las sensaciones y así salió. Con la confianza de estar entrenando bien, el domingo acudía de nuevo a una cita con el dorsal. Hay maratonianos que prefieren entrenar y evitar competir durante este periodo, en mi caso siento que hacerlo cada dos semanas me ayuda a sobrellevar mejor el plan y me da un punto extra de motivación. Así, acudí al Cross Playas de Sanlúcar, una prueba de 8 k que se corre íntegramente por la arena dura de la playa exceptuando los últimos 200 metros, en los que los organizadores nos metieron en esa 'agradable' superficie para correr que es la arena seca.

Con en torno a 200 corredores en la salida, mi objetivo es estar entre los 10 primeros. Disparo de salida y al paso del primer kilómetro cuento a los que llevo delante y veo que voy 7º. Correr por la arena resulta menos pesado de lo que me temía y las sensaciones son buenas, por lo que cuando giramos en el kilómetro 4 para volver por donde habíamos venido pero esta vez con el viento en contra, marcho 4º tirando de un grupo de cuatro corredores que persiguen al trío de cabeza. El viento es molesto así que pronto cedo el testigo y trato de resguardarme en el grupo. El tercero de la general corre solo y parece que podemos atraparlo, nos vamos acercando más y más pero nos faltan unos metros para alcanzarlo. Por detrás, ataco a 300 metros de meta, corro como puedo por la zona de arena seca, y llego 4º de la general y 2º de mi categoría (30-39 años). Salen 8 kilómetros a 3.43. Aquí podéis ver un breve vídeo de la prueba.



Vuelta a casa con acompañado de mi primo Juan (que terminó en un magnífico 12º en su categoría 40-49 años) comentando la prueba y hablando de esta afición común de correr que tanto da de sí. La última semana de agosto transcurrió entre El Puerto, donde volví a Los Toruños haciendo 20 k a 4'10, y Madrid, donde volví a buscar compañía para correr, esta vez del mayor foro de corredores de España, Forofos del Running, y tuve la suerte de conocer a Patxi y Roberto, que el día 28 estarán también en Berlín corriendo más juntos que nadie. Una enfermedad degenerativa privó a Roberto de la visión y Patxi es sus ojos mientras comparten zancadas. Con ellos tuve la suerte de pasar más de dos horas y 26 kilómetros por Casa de Campo y Madrid Río, y repetiremos encuentro en la Media Maratón Ciudad Real-Torralba de Calatrava de este domingo, último test serio antes del maratón.

Así se acaba este mes de agosto, con muchas vivencias y mucha ilusión por lo que está por venir. Berlín se acerca y a veces da vértigo.

martes, 5 de agosto de 2014

Semanas 3 y 4: Media Maratón de Ciudad de México

La última semana en México se presentaba con un evento que me motivaba especialmente: la Media Maratón de Ciudad de México. Esta prueba agotó los 10.000 dorsales de que disponía allá por el mes de enero, prueba de que el boom de las carreras es una realidad en México. Resignado a no poder participar, me topé casualmente con 10 números (así lo llaman allá) a la venta tras acabar un entreno en el bosque de Tlalpan. No me lo pensé y me hice con uno pese a que la carrera coincidía con un día ajetreado, el del regreso a España con dos aviones por tomar. 


En esta ocasión, la temprana hora de comienzo de las carreras mexicanas fue mi mejor aliada. Al igual que la Carrera Bimbo de la semana anterior, el Medio Maratón empezaba a las 7 de la mañana, mientras que nuestro vuelo despegaba a las 14:35 horas, margen más que suficiente para acabar, ducharme, comer y salir con las maletas ya listas. Por estimación de marca, me toca salir en el primer cajón, y en cuanto abren la valla para acceder a él veo con incredulidad a cientos de personas esprintando para colocarse en el mejor sitio. Donde fueres haz lo que vieres, me digo, y corro hasta situarme en primera fila. "Igual hasta me sacan en la foto", pienso con ingenuidad. Pronto me colocarían por delante un par de filas más de corredores que por quién sabe qué contactos (no tenían aire de estar entre los élite) tenían ese derecho.

De cualquier modo, estoy bien situado para evitar los habituales tapones del comienzo de carrera. Mucho más atrás está Ivan, hermano de Liliana, que también ha conseguido dorsal a última hora y va a correr una parte del recorrido antes de cederle el dorsal a ella en el km 16 para que haga los últimos 5 kilómetros. Suena imponente el himno de México junto al majestuoso Ángel de Independencia, se inicia la cuenta atrás y, gracias a mi situación, salgo rápido buscando mi ritmo. Los primeros kilómetros como siempre más rápidos de lo habitual (3.40-3.48). Dada la altitud de 2.400 metros y el desnivel de 300 metros positivos, así como los 39 minutos que emplee en los 10 k de la carrera Bimbo la semana anterior, la idea es tratar de bajar de 1h30', lo cual supone llevar un ritmo de en torno 4'10-4'14 el kilómetro.

En el km 5, acompañando a la segunda clasificada femenina
Busco aliados y veo que me siento a gusto con el ritmo que marca la chica que marcha en segunda posición. Lo sabemos porque el público le anima para cazar a la primera, lo cual hace que en ocasiones se deje llevar por la euforia, pegue algún tirón y esté cerca de descolgarme. Corro con ella unos kilómetros y busco ayudarla en su tarea de liderar la carrera tirándole y pensando que puede ser entretenido ver de primera mano esa lucha por ganar en categoría femenina. Llegan las primeras cuestas en torno al km 7 con la subida a Los Pinos y la entrada al bosque de Chapultepec, y poco a poco me doy cuenta de que mi ritmo es ligeramente superior al suyo, por lo que decido seguir para adelante.

Voy pasando la mayoría de kilómetros por debajo de 4 minutos con buenas sensaciones hasta que llegan los kilómetros 8 y 9, y con ellos subidas muy duras. Si algo me afecta en carrera (sé que a todos lo hace, pero creo que a mi se me dan particularmente mal), son las subidas. Tendré que estudiar cómo entrenarlas para cuando haga esas incursiones en montaña que tanto me gustan pero que no se me dan demasiado bien, en cualquier caso, Berlín es plano así que no me preocupa de momento. También sufro mucho con el calor, pero en este caso tenemos suerte, la temperatura está por debajo de 15 grados, ideal para correr. Entre cuestas y flautas el 8 se me va a 4'50 y el  9 a 5'03. ¿Ya he pasado lo peor? No. En el 11 otra vez se empina y me voy a 4'43. Ahora sí toca correr en bajada y llano manteniendo ese ritmo uniforme cercano a 4' el kilómetro en el que sí me siento a gusto. 

Espectacular foto en el km 10 


Km 15: ¿Qué hora tienes?
Paso el km 10 en 42'28'' corriendo algún kilómetro en solitario tal y como se ve en la imagen de arriba. Estoy deseando llegar al 16 para encontrarme con Liliana y su padre, que estarán allí esperando a Iván y me darán sus ánimos al pasar. Me distraigo observando el paisaje que rodea la carrera y controlando los parciales hasta que por fin oigo la voz de Gerardo, el padre de Liliana, que tanto me ha apoyado durante mi estancia en México acompañándome a los entrenamientos y llevándome generosamente a donde le pedía. "Vamos Álvaro!! Vamos Álvaro!!", repite gritando. Unos metros más allá veo a Liliana animándome y preparando la cámara. La miro y le saludo levemente con la mano mientras veo el flash aparecer y pienso erróneamente que no me ha pillado a tiempo.

Pasamos el lago de Chapultepec y me engancho a dos corredores para tratar de no hundirme en la recta final. En cada pequeña subidita se me van unos metros que recupero bajando. Así vamos cuando me encuentro con la corredora que lidera la categoría femenina. Voy unos metros a su lado con la intención de colaborar y el de la bici que le acompaña me dice que me separe un poco. Le hago caso en lo de separarme pero no en lo de un poco, y me marcho para adelante con fuerza. 

Así llegamos a los últimos dos kilómetros con la gran recta del Paseo de Reforma, una calle ancha y llana que se me hace larga y donde pienso viendo que voy un poco al límite, que el Maratón de Berlín es dos veces esta distancia, que cómo voy a poder acabar eso. A medida que me acerco a los últimos metros la presencia de público se multiplica, y emocionado como estoy por acabar la carrera les jaleo con las manos para que me animen. Funciona. A 1 kilómetro de meta me adelanta un corredor y ya no trato de seguirlo, voy justillo de fuerzas. A 500 metros veo con emoción alzarse el Ángel de Independencia y me adelanta otro corredor. Ya no lo permito. Le esprinto y llego a meta sacándole 5 o 6 metros mientras veo como preparan la cinta de meta para la primera fémina.

 Objetivo completado en 1h 28' 11'' tiempo chip, puesto 48 de 9 mil llegados a meta y 6º de mi categoría (30-34 años). Hora de hacer las maletas y poner rumbo a España, donde el martes retomé los entrenos, ahora sí, respirando con fuerza el agradable oxígeno europeo. 


Semana 3: 60 kms (última en México)

Lunes: Descanso poscarrera Bimbo
Martes: Series 3x5.000 ritmos 4'05-4'03-4'11
Miércoles: Descanso
Jueves: 13 k ritmo 4'40
Viernes: 11 k ritmo 4'50
Domingo 21 k a 4'07

Semana 4: 54 kms

Lunes: Descanso (llegada a España)
Martes: 6k regeneradores a 4'50
Miércoles: 10 k a 4'12
Jueves: 11 k a 4'10
Viernes: 15 k tapia D+132m a 4'24
Sábado: 6k a 3'53
Domingo: 6k a 4'20




viernes, 25 de julio de 2014

Semana 2: No es país para marcas

Domingo 20 de julio, 6:58 de la mañana, el himno mexicano suena y a mi alrededor, los corredores cantan henchidos de patriotismo. "Mexicanos al grito de guerra / el acero aprestad y el bridón / y retiemble en sus centros la tierra / al sonoro rugir del cañón..." Quedan dos minutos para el inicio de los 10 k del circuito Bimbo y hace poco que ha amanecido. Aquí las carreras son temprano. Tanto que llevo desde las 5 de la mañana en planta.

Entrando en meta en la media maratón del DF de 2010
Se trata de mi primera carrera en México después de cuatro años. En esta ciudad, en el DF, debuté ese año de 2010 en la distancia de Medio Maratón (el tiempo fue de en torno 1h 44' si no recuerdo mal) escapando un fin de semana de mi trabajo como periodista en Córdoba (Veracruz). En este país empecé a entrenar y a darme cuenta de que correr es mucho más que poner un pie delante de otro. Ahora volvía a las andadas para enfrentarme a 10 kilómetros sobre los que no sabía nada.

"¿Sabes si hay alguna zona de subida en la carrera?" Pregunto al corredor de al lado poco antes de que el himno nacional enardeciera los corazones. "En el km 5 un poco, pero es prácticamente llana", me responde usando otras palabras de tono más mexicano. Estoy situado en la quinta o sexta fila y tras el himno nacional la cuenta atrás nos pone a todos en guardia. La salida es limpia, con algún toquecito, y dejo ir a los de delante, que calculo pasan el primer kilómetro a un ritmo cercano a los 3 minutos. Yo lo paso en 3'20'', como siempre más rápido que el ritmo planeado, y poco a poco voy bajando la velocidad hacia un paso más sostenible.

Entrando en meta junto a corredores del 5 k
Voy con la idea de que los 2.400 metros de altitud no me van a permitir ir a los ritmos acostumbrados, y un compañero corredor, Michael Mathius, me avisa de que cuando corrió aquí su marca fue cinco minutos superior a la normal. Con esa referencia, y con el objetivo de hacer un entreno de calidad para el Maratón de Berlín, busco dar lo mejor de mí. Avanzan los kilómetros, la temperatura es fresca, perfecta para correr, el circuito es bastante llano pero... los kilómetros no salen como debieran. Durante un par de kilómetros recorremos una incómoda zona de adoquines dentro del parque Chapultepec y sigo la estela de la tercera chica. A falta de un kilómetro rebaso a otro corredor que para a atarse los cordones. Enfilo los últimos 500 metros y veo que trata de pasarme, así que acelero evitando que me adelante y llego a meta en 39'08'' tiempo chip, puesto 40 de la general y 18 de mi categoría de un total de 3.500 corredores. Una marca de otra época, la peor en los últimos dos años, tres minutos por encima de mi mejor marca en Madrid (a 600 metros de altitud) y cuatro arriba de la mejor que he hecho a nivel de mar. La altitud pega y de que modo.

Esta primera semana en México DF, segunda del plan, empezó con fiebre y acaba con 51 kilómetros, cifra que irá aumentando progresivamente en las próximas semanas, previsiblemente con mayor facilidad tras mi llegada a España este domingo. Los entrenos transcurrieron entre Ciudad Universitaria, una zona de asfalto junto a la UNAM con algunos toboganes que a la espera de que comiencen las clases permanece prácticamente vacía, el bosque de Chapultepec, donde probé un popular circuito de 2 kilómetros conocido como El Sope, y sobre todo en el bosque de Tlalpan, donde el ambiente de corredores es impresionante y es tradición al acabar tomarse un 'jugo' natural en uno de sus puestos. Parte de estos entrenos los he llevado a cabo con Gerardo, el padre de mi pareja, Liliana, también corredor habitual y gran consejero en las conversaciones que acompañan los largos trayectos en coche hasta el lugar de entreno. Y es que en DF las distancias son enormes y tardar una hora en llegar de un sitio a otro es algo habitual.

Esta semana, la última en México, estará marcada por mi participación el domingo en la Media Maratón de Ciudad de México, una forma más de probarme y acumular kilómetros de cara a Berlín. Otro madrugón en una jornada que se presume dura no solo por la carrera, sino porque ese mismo día por la tarde me tocará tomar el avión de vuelta a España. Dejaré así un país que no es para marcas, pero al que guardo mucho cariño y seguro volveré.

En Córdoba (Veracruz), pocas semanas después de llegar a México en 2010


martes, 15 de julio de 2014

Semana 1: Berlín pasa por México

Vuelvo al blog con la intención (esta vez sí) de ser constante en la publicación de posts. Un reto como el Maratón de Berlín 2014 así lo merece, y si a ello le unimos que parte de la preparación hacia esta prueba la estoy pasando en México, las cosas que merece la pena contar se multiplican.

La chispa está en la pista
Para ponernos en antecedentes, he acabado la temporada de pista mejorando marcas en todas las pruebas en las que he participado, con registros de 2'05'' en 800 metros (2'08'' el año pasado), 4'27'' en 1.500 (frente a 4'34'') y 9'44'' en el 3.000 (estreno). No ha sido un año en el que me haya prodigado demasiado compitiendo en pruebas de pista como sí hice el año pasado, lo cual creo que ha impedido que la mejora sea mayor. La buena noticia es que he realizado los mejores entrenos de series que haya hecho nunca, y sobre todo, que el año que viene volveremos a las andadas.

En la Milla de El Escorial, a la izquierda de la imagen
Entre medias, ha habido otras diversiones como la Milla de El Escorial, una prueba clásica con algún que otro repecho y mi estreno en una carrera tan rápida sobre asfalto. No conseguí el objetivo de bajar de 5 minutos y me tuve que conformar con hacer 5'02''. Sobre asfalto también me lancé sobre una de mis distancias favoritas (¿qué tendrán los 10 k que nos gustan tanto?). Tras el 35'10'' logrado en marzo en el llano asfalto de Laredo, en la Carrera del Agua confirmé el sub 36' por los pelos con un 35'59'' , y pocas semanas después, mediado el mes de junio, ponía rumbo al vecino del norte para participar en una prueba en Francia. 

Se trata de un 10 k que se celebra conjuntamente con un maratón, y es una prueba a la que tengo un cariño especial porque tres años atrás, en su II edición, pasé tres meses en Francia con una beca y pude ayudar a la organización traduciendo su página web, llevando a un atleta como Marc Roig (que a la postre sería el ganador del 10 k ese año), midiendo los kms del maratón, y tratando, en definitiva, de darle la mayor visibilidad posible.

Agradeciendo mi labor, me invitaron a esta quinta edición y no pude decir que no. Y si ellos me hicieron sentir importante, cuál sería mi sorpresa cuando veo que el periódico local de Coulon señalaba al 'espagnol' Álvaro Sánchez como candidato a la victoria. Una predicción bastante atrevida seguramente promovida por mis amigos organizadores, tal y como demuestra que llegara en sexta posición a dos minutos del ganador, pero que no deja de hacer ilusión.  



La carrera discurre por un recorrido poblado de árboles y prácticamente llano, situado junto a los canales de la que allí denominan 'La Venecia Verde'. Salgo rápido con el grupo de cabeza pasando el primer kilómetro a 3'14'', y me doy cuenta de que no es sostenible, así que busco mi ritmo de en torno a 3'30'' el kilómetro y me quedo en tierra de nadie persiguiendo durante 5 o 6 kilómetros a un corredor al que, según el momento de carrera, veo a unos 50-100 metros de distancia. También noto, gracias a los ánimos que le da el público a los pocos segundos de pasar yo, que por detrás viene otro corredor a una distancia similar. No dejo que me coja y al final, esas ganas de pillar al de delante tras tantos kilómetros viéndole la suela me ayuda a no relajar el ritmo y a pasarle a apenas 100 metros de meta para hacerme con ese sexto puesto de 500 participantes parando el crono en 35'33''.

Un final de temporada de enfundarse mucho las zapatillas y disfrutar con mi participación en iniciativas como el nuevo Villalobos Running Team creado en torno a la figura del gran maratoniano español, Pablo Villalobos, pero que iba a ser diferente al del año pasado. Porque esta vez no hay punto y aparte. El Maratón de Berlín del próximo 28 de septiembre así lo exige, así que tras dejar de correr por completo una semana, el 7 de julio inicié en Playa del Carmen (México) el plan de 12 semanas que espero me lleven a bajar de las 3 horas en el que será mi segundo maratón tras mi estreno en Valencia hace ya tres o cuatro años y que dio origen al título de este blog 'lo voy a hacer'. Hoy, aun llevando poco tiempo en esto de correr, soy mucho más corredor que entonces y debería pulverizar esas 3h 29' del estreno. 

Bañito recuperador
En la gran urbe
Esta primera semana he pasado de la humedad de Playa del Carmen a la altitud del DF, de sudar a más de 30°C, a correr con la falta de oxígeno propia de los 2.300 metros de altitud.


Y si en Playa del Carmen la interminable calle comercial conocida como la Quinta Avenida era el escenario de mis rodajes, en México DF, a falta de conocer el Bosque de Chapultepec, lo están siendo el bosque de Tlalpan y Ciudad Universitaria. Junto a las visitas turísticas a lugares como la casa de Frida Kahlo, el mirador de la Torre Latinoamericana o las pirámides de Teotihuacán, compaginaré los rodajes con mi participación en la Carrera Bimbo (10 k) el 20 de julio y la Media Maratón de Ciudad de México el 27 de julio. 

Circuito frecuentado por corredores en el Bosque de Tlalpan

La primera semana acaba, pues, sin un kilometraje excesivo, con 54 kilómetros repartidos en seis sesiones y una molesta fiebre que me ha recibido nada más llegar a México DF en lo que el médico que me atendió no dudó en calificar como "la venganza de Moctezuma". Esperemos que el 28 de septiembre en Berlín no se hable de venganzas sino de retos superados, y los espíritus de Moctezuma, Cortés y quien corresponda, se sitúen de mi lado para empujarme en esos 42 kilómetros y 195 metros.

sábado, 5 de abril de 2014

Tres meses de 2014: Tiempo de emociones fuertes

Estrechos pasillos humanos flanquean la entrada al madrileño barrio de Vallecas mientras la noche cae sobre los corredores. La magia de la San Silvestre Vallecana Internacional me conquistaba para siempre y dejaba mi marca en 10 k en 36:55 logrando así el sub 37' que me había propuesto. Acababa 2014 disfrutando de correr con mis compañeros de la A.A. Moratalaz y al despertar, ya inmerso en el nuevo año, me daba cuenta de que era la primera vez desde que era adolescente que una resaca no me acompañaba en la inauguración.

Tal vez por eso tuve recompensa, y un mensaje del maratoniano Pablo Villalobos se convertía en una oferta que no podía rechazar. "En una hora corremos con Yuki Kawauchi por El Retiro, quiere hacer 20 k a 5' el km para soltar piernas", me decía mientras yo empezaba a vestirme de corto sin apenas acabar de leer la frase.


La figura de este atleta japonés adquirió relevancia internacional por ser capaz de correr más de una decena de maratones en 2013 (y otras tantas medias maratones), en marcas que rondaron las 2h10'. A ello le sumas que trabaja de conserje en un colegio durante 8 o 9 horas al día y además saca tiempo para entrenar y ahí lo tienes. Es el corredor-héroe o como se le ha bautizado en algún artículo 'El mejor corredor amateur del mundo'.

Ataviado con un sencillo chandal y con una sonrisa perenne en el rostro, todos estábamos expectantes por saber más de él. Y esos 'todos' de los que hablo fue otra de las sorpresas, dado que junto a Kawauchi y Villalobos vi alinearse a la puerta del hotel a un buen amigo de Mo Farah, al que acompañó en su boda, el maratoniano olímpico inglés Scott Overall, a uno de los grandes fondistas portugueses, Rui Silva, y a nuestro Campeón de Europa de 1.500 metros, Arturo Casado.


Junto a ellos, las hermanas Sanfabio y el gran Shinichi Sasaki, que como yo, sufrió de lo lindo para seguir el rodaje (que finalmente discurrió a ritmo de 4'37 el km) tras tener las piernas bien cargadas de la San Silvestre del día anterior.

Entre las confesiones que pudimos sacarle a Kawauchi durante el rodaje gracias a las labores de traducción de su acompañante, dejar constancia de que suele ir corriendo a su trabajo, entrenar de vez en cuando en la montaña, y que, como era de esperar, de momento no tiene tiempo para tener pareja. Nueve horas de trabajo diarias y más de 150 kilómetros semanales tienen la culpa.

El comienzo de año no podía ser mejor. Y así siguió siendo en el plano atlético (que no en el laboral) durante los meses siguientes. En la Media Maratón de Getafe del 26 de enero rebajé hasta 1h 20' mi crono en la distancia, bajando más de nueve minutos mi anterior marca. "Si vuelves a bajar nueve minutos en la próxima me tienes a tiro de piedra", bromeaba Villalobos. Desgraciadamente para mi futuro atlético no será así, pero espero ir recortándola poco a poco.

Enero y febrero fueron también meses de crosses universitarios junto a mi compañero de club Marco Valenzuela, un auténtico máquina capaz de correrlos a 3'17'' el km que finalmente terminó tercero de la clasificación general. Fuera del circuito universitario, tuve la alegría de estar en el podio en la I Carrera Solidaria Fun4u, en un cross corto sobre 5 km.



Pero el gran objetivo del año estaba por llegar y era una prueba que ya conocía por haber participado el año anterior. Los 10 km de Laredo (Cantabria). En ella y en romper la barrera de los 36 minutos estaba puesta mi mente. Para conseguirlo, corrí un par de pruebas cortas las semanas precedentes, siendo 5º en la Carrera del Taller sobre 4 kms (ritmo medio 3'30) y estando entre los 15 mejores en la Carrera por las Enfermedades Raras en Casa de Campo, sobre 5 kms (17'30). En esta última acabé muy satisfecho con mi rendimiento por haber disfrutado y terminado justo por delante de un grande como Juanqui, un tío con 35'23'' en 10 k y uno de los corredores que conozco que más saludos reparte cuando se acerca a una línea de meta, eso sin contar su increíble capacidad de animar sin descanso al resto incluso mientras compite, cuando al resto de mortales nos falta el aliento.

Además de en estas dos pruebas, en marzo participé en la Media Maratón Tragamillas, con un duro pero bonito recorrido mitad cross mitad asfalto que acabé en 1h23, y en la I Carrera Navalcarnero al Límite, una prueba preparada con mucha ilusión en la que acompañé como 'liebre' a toda una Campeona de España de Maratón como Tamara Sanfabio en su victoria en la prueba femenina. Fue todo un placer colaborar sin ir al límite, verla ganar mientras en el camino íbamos hablando y controlando la distancia con la segunda mujer, y escuchar sus anécdotas e historias en los trayectos de ida y vuelta rumbo a Navalcarnero.

Pongo entrecomillas lo de liebre porque aun sin mi ayuda, hubiera ganado igualmente pese a que pasó una mala semana por un virus. Allí, en ese pueblo tan bonito que no conocía, compartimos muy buenos momentos con toda la gente del grupo Free Runners, entre ellos Alfon, Esti, Roque y los muchos corredores de Navalcarnero y Madrid que solemos quedar de vez en cuando a correr por El Retiro y Casa de Campo.


Pues bien, tras estas carreras, llegó el momento de partir al gran objetivo de los 10 k de Laredo. Viaje en tren a Santander el viernes, paseito con Liliana pasado por agua y con mucho viento para conocer la ciudad, y el sábado en la línea de salida deseando que la climatología nos respetara. Y no me puedo quejar, visto el panorama de días anteriores, no nos hizo mal día y pude mejorar mi marca llevándola hasta los 35'10'' (3'31 el km, y tres minutos mejor que el año anterior), pegándome durante la carrera y hasta la línea de meta a una de las hermanas de una ilustre saga de corredoras, la cántabra Margarita Fuentes-Pila.

Contento por correr en un circuito de dos vueltas tan llano que te permite volar, y que al coincidir en algunos tramos con la cabeza de carrera te permite ver a los kenianos (y al español Antonio Abadía) levitar para terminar por debajo de 28 minutos. Volveré en el futuro en busca de nuevas marcas.

Estos tres meses todavía tenían una prueba más antes de acabarse. Y no era una carrera cualquiera. El Genaro Trail, 50 kilómetros y 1.500 metros de desnivel en la sierra madrileña. Algo a lo que nunca me había enfrentado y que apenas había preparado. Pero eso, mi experiencia en mi primera ultra, lo contaré en el próximo post, pues este ya está bien surtido de pruebas y marcas. Los próximos meses, abril y mayo será tiempo de retos en la pista de atletismo, el origen de muchos de los campeones que hoy dominan el maratón, y un escenario que siempre te da un poco de chispa a cambio de sufrimiento sobre los clavos.