jueves, 29 de diciembre de 2011

San Silvestre y... Maratón


La nueva parada maratoniana ya tiene ciudad y fecha. La cita será en Madrid el próximo 22 de abril. El MAPOMA, rebautizado este año como Rock 'n' Roll Marathon de Madrid merced a la nueva empresa organizadora, ha sido el maratón elegido tras contemplar diversas opciones.

A primera vista, sus cuestas, el calor que ha hecho estragos en otras ediciones, y la altitud de la capital, no son la mejor carta de presentación para la prueba, carente de atletas de renombre por estos motivos. Sin embargo, Madrid es mi casa este año, el sitio donde palparé el ambiente maratoniano en las calles desde meses antes, las calles por las que cada día camino y por las que espero correr y correr hacia mi segundo Maratón, esta vez con una exigencia mayor que en Valencia por ese desnivel que al parecer se acentúa especialmente en los últimos kilómetros, cuando el cuerpo va más castigado.

A mi favor juegan la experiencia de haber corrido ya esa distancia, la idea de mejorar los fallos preparatorios (más gimnasio, más kilómetros, más largas), y la motivación de contar con gente que a buen seguro me apoyará durante el recorrido.

Sevilla era imposible por su cercanía, Barcelona tenía a favor un circuito rápido y llano a nivel del mar, en contra, un mes menos para recuperar y preparar, el coste de traslado y alojamiento en Barcelona, y contar con menor apoyo. También en esas fechas había en el extranjero opciones interesantes como Rotterdam (gran circuito, muy rápido), pero para correr en el extranjero ya habrá tiempo.

Mi autoexigencia será similar a la de Valencia, bajar de 3 horas 30 minutos en un circuito más exigente, y concretamente lucharé por superar las 3h 29' 16'' en que completé la distancia de Filípides. Todo eso teniendo claro que llegar a meta ya supondrá una satisfacción plena. Queda por diseñar el plan y las carreras que antecederán la gran cita, si bien el comienzo 'oficial' de los entrenos será el lunes 30 de enero, antes estaré en algún 10 k y crosses del circuito universitario de Madrid.

Antes, mañana 30 de diciembre tomaré parte en la 1º San Silvestre Jerezana organizada por el Activa Club. 5 kilómetros que servirán para meter velocidad a las piernas, aportar a una causa solidaria, y despedir este 2011, record para mí en kilometraje con alrededor de 1.000 desde el mes de junio (antes no disponía de Garmin), entre runners y buena gente.

Al día siguiente, el 31, también se celebra otra San Silvestre organizada por varios clubs jerezanos, esta de carácter no competitivo, a la que posiblemente también acuda (si no acabo mal del partido de fútbol sala mañanero que tengo apalabrado para ese día).

Así pues, ganas e ilusión por este 2012 que esperemos sea, al margen de lo atlético, un año de recuperación y de empleo para nuestro país. Me tocó nacer en esa generación que acabó sus estudios empezando la crisis y el panorama entre los conocidos es desolador. Que el 2012 traiga más luces que sombras. Falta nos hace.

martes, 20 de diciembre de 2011

XXXI Trofeo Akiles

I'm a runner
El primer test tras el Maratón de Valencia llegó dos semanas después de haber cruzado la meta en la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Sin duda, el recuerdo más dulce desde que empecé en esto de correr. Los tres días que siguieron a dicha prueba fueron de andares lentos, de bajar escaleras con cuidado entre bromas de mis compañeros de clase, en definitiva, de recordar las sensaciones que me acompañaron durante más de 42 kilómetros.

Pero no solo de recuerdos vive el hombre, y las molestias empezaron a desaparecer y el cuerpo a recuperar su estado original. El kilo y medio perdido durante el Maratón, que dejó la cifra de la báscula en 66 kilos, se recuperó con creces, y el ansia de volver a calzarme las zapatillas apareció en forma de un par de sesiones, una suave a ritmo tranquilo de algo más de 5' el kilómetro por el Retiro, y otra más animada en el parque Juan Carlos I con varios compañeros de clase que iban en bici, haciendo 10 k en 47 minutos corriendo a su lado.

Con ese escaso bagaje posmaratón llegué a la XXXI edición del Trofeo Akiles, una prueba que compaginaba las distancias de 5 y 10 k. A esta última categoría me lancé sin saber muy bien como respondería mi cuerpo a la exigencia. La Casa de Campo era el magnífico escenario donde se desarrollaba, y tras una organización caótica que hizo esperar a los 3.500 corredores allí congregados más de media hora de fila para recoger dorsal y chip, inicié el calentamiento y los estiramientos sin saber muy bien cual sería mi ritmo de carrera, teniendo como referencia que mis últimas pruebas habían estado en torno a los 40 minutos. En la salida, como viene pasando en algunas pruebas, se inicia con cientos de corredores situados delante del arco de salida, algo que me molesta especialmente. Pasan unos 20 segundos desde el pistoletazo de salida hasta que llego a la alfombra del chip, y esos primeros 500 metros se corre mal debido a la aglomeración.

Calentamiento previo
Por fin puedo coger ritmo cuando unas pocas subidas me dejan tocadete y me dicen que hoy no será el día que bata mi marca. Pese a los problemas iniciales y las cuestas, paso los primeros 5 k en 20:14, y es ahí cuando empezamos a bajar lo que habíamos subido, amplío la zancada y marco un par de kilómetros en algo más de 3:30. Me siento ligero y bajar me gusta. El maratón no me pasa factura. El paisaje de la Casa de Campo es espectacular. Pasamos el lago en el kilómetro 8 y veo que puedo dejar el crono en torno a 40 minutos. Hago un último esfuerzo y con un último kilómetro en 3:40 llego a meta en 39:50 con una segunda parte más rápida, de 19 minutos 36 segundos, debido fundamentalmente al mejor perfil. Recojo la bolsa del corredor, me coloco el chandal y pongo rumbo al metro pues el frío ya ha llegado a la capital madrileña. La clasificación me coloca en el puesto 174 de los más de 3 mil llegados a meta.

Visualizando la carrera
Acabo satisfecho, aunque al día siguiente noto unas molestias fruto de haber forzado un poco, lo cual me hizo replantearme mi participación en una de las carreras que mas me gustan: la Media Maratón de Los Palacios, a la que, con todo el dolor del mundo, al final no asistí por resguardarme, por el coste del viaje de ida y vuelta (aún me quedan unos días de clase antes de regresar al sur el día 22), y también debido a una cena que tuve con mis compañeros de clase que acabó, como podéis intuir, a altas horas de la madrugada. Me habría gustado saludar a todos esos blogueros que sí la corrieron, pero fue imposible dadas las circunstancias. Espero que estas navidades nos veamos en alguna San Silvestre o en algún entreno en Jerez o cercanías, al que me ofrezco a acompañaros.

¡Feliz Navidad!
Sin más, ya cerca de despedir este año 2011 que tantas nuevas vivencias y nueva gente me ha permitido conocer, me despido enviandoos un fuerte abrazo y mis mejores deseos para el año que entra, que para muchos será de estreno maratoniano, y para otros de seguir haciendo crecer esos impresionantes currículos deportivos, todo ello recordando que nada sería posible sin lo más importante. Salud.
Salud para todos.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Maratón de Valencia: Un sueño cumplido

Respiro hondo y miro a mi alrededor. Una masa de corredores (siete mil para ser exactos), separados entre ellos por centímetros, aguardan los pocos minutos que restan para el pistoletazo de salida bajo el despejado cielo de Valencia. Los dorsales sujetos con imperdibles, los rostros cargados de tensión unos, de risa nerviosa otros, de seguridad en los experimentados. No todos llegaremos. Yo soy un novato. Es mi primer maratón. Mis primeros 42 kilómetros 195 metros y no conozco vida más allá de los 21,097 kilómetros. Nunca he pasado de ahí. Estoy colocado en la parte trasera debido a la masiva afluencia de corredores, por lo que me veo obligado a cambiar mi plan inicial de seguir a la liebre que marca un ritmo constante para llegar a meta en 3 horas y media por el de seguir mi propio ritmo hasta alcanzarla.
Concentrado antes de empezar


La noche previa ha sido tranquila, mi cuerpo descansó tras un día de paseo por la playa, paella en el paseo marítimo y visita a la Expo del corredor para recoger el dorsal y hacer algunas compras. Abro los ojos a las 5:49, poco antes de que sonara el despertador, programado para las 6. Pese a los nervios previos a una gran cita, no me cuesta demasiado conciliar el sueño, aunque mientras duermo mi mente divaga en sueños extraños. Sólo recuerdo que moría Cristiano Ronaldo. ¿Alguna interpretación? Duchita, cereales, vídeos de motivación, repaso que no se me olvide nada y salgo a la noche valenciana a esperar el tranvía acompañado por Mathilde, amiga francesa que hará de fotógrafa. En la solitaria parada compartimos asiento con dos hombres de aspecto sospechoso durante unos minutos. Me pregunta si estoy nervioso. Un poco, respondo. Llevo tres meses entrenando para este día. Es día de examen pero no siento el temor de los días de colegio, más bien el ansia del día de Reyes, de esos días en que esperas que pase algo especial. 

Tras el tranvía tomamos un metro y aquí estoy, en la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, en pantalón corto, con un número en la camiseta y una tirita en la nariz para respirar mejor, mezclado entre miles de corredores esperando que un tipo dispare al aire dándonos así permiso para empezar a correr 42 kilómetros 195 metros. Y todos los allí congregados, equipados de relojes con gps, ipods, y demás adelantos que nos proporciona la tecnología de hoy, corremos esa distancia porque hace más de 2.000 años un tal Filípides completó esa misma distancia, que separa las ciudades griegas de Marathon y Atenas, para avisar de que los persas habían sido derrotados para a continuación caer muerto por el esfuerzo. Suena absurdo. No lo es.
Con 42 kilómetros por delante

Llega el momento. La marea humana comienza a moverse en la parte delantera. 3 minutos después paso el arco de salida y mi cronómetro se pone en marcha, 1, 2, 3, 4... suena la canción brasileña 'Ai se eu te pego', amigos, familiares y curiosos animan, fotos y más fotos. Los kilómetros vuelan, las sensaciones inmejorables. Grupos de música tocan en la calle y suben la moral, niños que chocan la mano, jóvenes valencianas vestidas de falleras, un grupo disfrazado de pitufos pone la nota de color (azul), y les choco la mano también. Paso el kilómetro 10 en 48.20, algo más rápido que mi idea inicial, que era pasarlo en 50' ¿Me como el mundo? No. Lo he leído y releído, el Maratón empieza en el kilómetro 30. 

Las conversaciones en el pelotón de corredores son vivas, unos hablan de maratones, otros piden al público que aplaudan, y los más bromistas sueltan alguna gracia que despiertan las risas generales. El valenciano también suena, como no podía ser de otra forma, y me topo con algunos de los 400 italianos que participan en la prueba. Del 10 al 15 (donde tomo mi primer gel de hidratos) hago 23:58, un minuto más rápido que el ritmo que me había propuesto. Es difícil contenerse y me digo que puedo pagarlo al final, así que coincidiendo con que por fin me topo con el numeroso grupo que sigue a la liebre de 3h30, me quedo con ellos unos kilómetros. Ir en grupo protege del aire, pero llega a agobiarme y quiero sentirme más libre, así que los sobrepaso y veo en la camiseta de un corredor delante mía una inscripción que me es familiar. 'Unyko'. Es el nombre de uno de los blogs que sigo, el de Javier, así que lo saludo, nos preguntamos qué tal vamos, qué tiempo queremos hacer y nos acordamos de algunos blogueros más antes de terminar la conversación, no quiero gastar fuerzas ni hacérselas gastar. 

Llegamos al kilómetro 20 y tal y como he ido haciendo hasta el momento, bebo agua en todos los avituallamientos. Nos acercamos al Medio Maratón y la música de Carros de Fuego suena a todo volumen de un altavoz. Piel de gallina. Pasamos el 21 y le digo a Javier que a partir de aquí todo es territorio virgen para mi. "No te preocupes, el maratón empieza en el 30", me responde. Voy con buenas sensaciones, y tengo un colchón de 4 minutos para bajara de 3h30 pensando en un posible bajón final. Los kilómetros pasan entre gente en bici que aprovisiona de líquido y comida a amigos y familiares, público que me da alas gritando mi nombre, que aparece escrito en el dorsal, paradas a orinar de algunos corredores, estiramientos de otros, y las primeras víctimas del Maratón, que caminan con rostro derrotado por la desilusión. 
Estos iban "un poco" más rápido

El recorrido iba siendo muy llano, tal y como esperaba, por lo que me sorprenden dos pasos por sendos túneles con sus correspondientes bajadas y subidas, que realizo sin forzar demasiado. El kilómetro 30 se acerca. El temido muro, pesadilla de tantos corredores, el lugar donde se acaban los hidratos y tiramos de grasas, donde el tio del mazo te dice, chico, hasta aquí has llegado, no eres lo suficientemente bueno. No eres Filípides. Y nos baja a la tierra. Con esta carta de presentación, mi encuentro con el cartel del kilómetro 30 fue más bien cordial. "Tu no me has visto y yo a ti tampoco, ¿de acuerdo?" Pero sí que lo vi. No de frente, Dios me libre, pero si de reojo. Y cuando lo miré pude oírlo decir "ya no habláis tanto como al principio eh", "ya no os cruzáis en adelantamientos temerarios". Y nadie le respondía. Silencio y concentración zancada a zancada. 

Llegamos al 32 y una espectadora, con su mejor intención, nos advierte del logro "¡ya habéis pasado lo peor, ya habéis pasado el muro!". A lo que un corredor que marchaba cerca mía me hizo sonreír al comentar resignado "¿qué hemos pasado el muro? Yo no me he dado cuenta de haberlo pasado". Siento que mi musculatura se resiente, que ya el paso no es tan alegre, pero sin embargo los tiempos no son tan malos, sigo la inercia que he venido arrastrando hasta entonces y paso por el 35 en 2 horas 53, haciendo el tramo entre el 30 y el 35 por debajo de los 25 minutos. 

Me veo cerca de llegar a la meta. Sólo 7 kilómetros. Me digo que un poco más que como de mi casa al corte inglés y volver. Me echo algo de agua por encima, me ofrecen un trozo de plátano, se me cae y lo recojo del asfalto, me lo como, y el corredor que me había dado el plátano, me ofrece el final de su bebida isotónica "para que bajes el plátano", me dice. Lo acepto y me siento conmovido por esa solidaridad tan sincera que existe en este deporte entre completos desconocidos. Sigo avanzando y me tomo el tercer y último gel, bajo un poco el ritmo y en el 38 paso por primera vez por encima de 5' el kilómetro. Sufro y me acuerdo de los amigos del máster, que durante las semanas previas me han dado muchos ánimos y sé que están un poco pendientes de mi, veo gente andando y dan ganas de andar. "No voy a andar, voy a correr, soy como un robot, solo tengo que seguir adelante mecánicamente, cuatro kilómetros no son nada", me digo. Veo a un corredor con la camiseta del Maratón Jerez avanzar muy poco a poco, le paso sin muchas alegrías y le suelto un "vamos paisano, viva Jerez".
La meta me esperaba

Paso el 39 en 5'14'', mi cara ya es de sufrimiento. Siento la emoción, que lloro sin lágrimas, de fondo oigo mi nombre alguna vez, un "ya lo tenéis hecho" que no sé de donde proviene, los pies de los de al lado ya no van rectos, ya no puedo chocar la mano de los niños, adelanto a pocos, me adelantan algunos más, cierro los ojos algunos momentos, los abro, los cierro, el sol está arriba, de frente. No sé si hemos pasado antes por este lugar o no, no miro los edificios que me rodean, solo al frente. Veo por primera vez una nueva decena, entramos en el kilómetro 40 completando en 5'28 el anterior. "Venga que son 10 minutos", grita alguien, parece mucho tiempo, demasiado, acorto la zancada un poco más, solo hay que seguir, la meta llegará en algún momento, no se puede correr hasta la eternidad, me frenarán, esos 10 minutos pasarán, sufro pero disfruto, ya sé que voy a llegar, que desde el primer metro hasta el último no me voy a detener. Miro el reloj y sé que bajo de 3h30. Que ese objetivo personal que tenía sin gritarlo mucho por ahí por no pasarme de atrevido, se iba a hacer realidad.

Paso el 41 haciendo 5'34'', ya estoy ahí, ya llego, devoro metros y metros, "voy a ser maratoniano", uno de esos a los que con tanto respeto miraba cuando me contaban que habían terminado la prueba. Mi cara llora sin lágrimas, el público lo ve y dice más mi nombre, no cambio el ritmo por muy poco que quede. La Ciudad de las Artes y las Ciencias está ahí, me sale una sonrisa, abro bien los ojos, siento que los músculos de la pierna derecha quieren guerra, trop tard, ya no podéis hacerme nada, cierro los ojos, abro los ojos.

Ya no sonreía tanto como al empezar
Llego al kilómetro 42. 5'34 también. Quedan 195 metros. Llego a la pasarela azul sobre el agua, a la recta de meta en la que siento que soy el único corredor, miro hacia la grada, levanto los brazos desde 100 metros antes, "¡lo conseguí, sí!", me grito. Veo ahí la meta pero me parece extraño el concepto de detenerme. ¿De verdad me paro ahí? Pienso en esos días de entreno y en las veces que he visualizado el momento de cruzar la meta. Paso bajo el arco, paro el reloj. 3 horas 29 minutos 16 segundos que empezaron en 1, 2, 3 y 4. 42 kilómetros 195 metros que empezaron en 1, 2, 3 y 4. Camino con torpeza, algo aturdido, mi cara debe ser muy expresiva por el peso de los kilómetros, me sonríen poniéndome la medalla, me sonríen dándome la bolsa con agua, plátano, powerade y naranjas. Camino y durante muchos minutos sigo viendo llegar a más y más corredores, y cuánto más tarde llegan, más me fascina la capacidad de sufrimiento y voluntad del ser humano.

Lo logré. Y durante todo este viaje hacia las entrañas de Marathon siguiendo los pasos de Filípides, confirmé lo que ya sospechaba. Corremos cuando somos niños y en algún momento de nuestra vida eso termina y nos volvemos adultos. Serios. Perdemos la capacidad de jugar, de correr por el mero hecho de sentirnos más libres, de sentir el aire rozándonos durante una mañana fresca mientras el mundo duerme. 

De correr por el hecho de sentirnos vivos.

Vídeo de entrada en meta (aparezco al final): http://www.corriendovoy.com/video.php?id=475&video=33508

PD: Mi Garmin marcó 600 metros más. Los casos que he consultado coinciden en que existió error de medición del recorrido.
*Fotos cortesía de Mathilde Bazin


domingo, 27 de noviembre de 2011

Maratoniano

3 horas 29 minutos 16 segundos desde la salida a la meta y un sinfín de sensaciones inolvidables. En cuanto descanse prepararé una crónica acorde al evento.

Un abrazo a todos

viernes, 25 de noviembre de 2011

Sensaciones desde el Turia

Hace apenas dos horas he llegado a la capital del Turia tras un viaje en coche desde Madrid de unas tres horas y cuarto con sendas paradas para echar gasolina e ir al baño (la continua ingesta de líquidos tiene la culpa). Acompañado de Pablo, piloto y compañero de piso originario de Valencia y amigo desde hace una década, hemos pasado el tiempo entre música y charla antes de llegar a su casa, donde me acogerá hasta el domingo. Hasta el día D. Tras dejar las maletas le he invitado a un restaurante italiano para seguir llenando el depósito de hidratos, que buena falta van a hacer.

Para mañana me tocará el primer contacto con el Maratón, recoger el dorsal en la Ciudad de las Artes y las Ciencias (donde también nos "regalan" un plato de pasta, que por algo la carrera no ha sido especialmente barata), y de ahí un breve paseo acompañada de una amiga que no se alargará mucho para evitar el desgaste e ir a dormir tempranito.

Todo esto son hechos y planes, pero os preguntaréis ¿y las sensaciones? Pues ciertamente aún conservo una calma mezclada con una ligera sensación de irrealidad, de no creerme que los 42 kilómetros 195 metros me esperan a la vuelta de la esquina. ¿Y las dudas? Hay algunas y por varios motivos:

1. La distancia más larga que he realizado durante la preparación ha sido la de media maratón (en varias ocasiones). Una buena planificación debería haber incluido tiradas más largas que por una cosa u otra al final quedaron en el aire. Fallo.

2. El kilometraje total ha sido superior a lo que nunca antes había realizado, pero se queda en torno a los 50 semanales, algo bajo.

3. Esta semana por trabajos y exámenes del Máster no he dormido todo lo que debería.

Entre las buenas noticias de estas 12 semanas dedicadas a la distancia de Filípides destacaría:

1. He batido mis marcas en 5 k - 10 k y Medio Maratón, bajando a 1h30 en esta última, un listón que no esperaba alcanzar todavía.

2. He bajado de peso, estoy más ligero.

3. Voy con confianza y con la idea de terminar por encima de buscar un crono concreto. Para eso ya habrá tiempo.

Sobre la estrategia de carrera, la idea está definida en ir en torno a 5' el kilómetro e ir viendo las sensaciones que experimento conforme alcance distancias nunca antes vividas. Los famosos muros y tíos del mazo estarán esperando cualquier oportunidad para machacarme. Como defensa contaré con la pócima mágica digna de aldeas galas, tres geles que tomaré en los kilómetros 15, 25 y 35.

Cuando visualizo la carrera imagino una primera parte de buenas sensaciones y contención de euforias indebidas, y un último tercio de buscar motivación en mis referentes y en la gente que durante todas estas semanas me ha estado acosando a preguntas sobre el maratón, esas que todos conocemos del estilo de "¿pero ya corriste un maratón de 10 kilómetros no?". A toda esa gente a la que he contado la leyenda de Filípides, a los que me han mostrado su admiración por atreverme a lanzarme a esa distancia que muchos de los que me leéis ya conocéis en vuestras propias carnes, a los muchos compañeros de clase que lo primero que me preguntarán el lunes nada más verme será ¿qué tal el maratón?. Cuando lleguen las preguntas ¿qué hago aquí? Las frases del estilo esto es una locura etc. etc. buscaré las respuestas en esa expectación que despierta en el entorno de uno correr un Maratón, en esos vídeos que día a día he visto para motivarme, en esos entrenos por el parque del Retiro siguiendo a otros runners, en la mañana, la tarde y la noche, con y sin gente, con y sin lluvia, con y sin parejas remando en su estanco.

Estoy emocionado y estoy con ganas. El Maratón de Valencia ya está aquí. El juego va a empezar y el gusanillo empieza a moverse.

Sólo quiero cruzar la meta. Sólo quiero ser maratoniano.

domingo, 13 de noviembre de 2011

XXXV Media Maratón de Moratalaz y MMP

1 hora 29' 41'' para 20,8 kilómetros reales. O lo que es lo mismo una media de 4'18 para una mejor marca en Media Maratón que haciendo una estimación dejaré en 1h 30' 55'', casi siete minutos menos que mi anterior marca, conseguida en Marbella. Ese ha sido el satisfactorio resultado del último test serio antes de la cita valenciana del 27 de noviembre (que cerca está, no me lo termino de creer!), justo el día después de haberme realizado una Prueba de Esfuerzo y lactato cuyos resultados conoceré próximamente.

El día amaneció perfecto para la práctica del running, estuve viendo algunos vídeos para motivarme antes de unirme a la masa de 2 mil participantes divididos entre la carrera de 10 kilómetros y Medio Maratón, que se mezclaban a eso de las 10 y media a la espera del pistoletazo de salida, que se retrasó unos 15 minutos. La idea inicial era ir todo el trayecto a 4'30'' por kilómetro y si al final me encontraba fuerte acelerar lo que se pudiera. Me coloco en las primeras filas para no quedarme muy trabado entre el mar de piernas y la inercia del comienzo me empieza a descolocar, pasando el primero a 3'59'' (tranquilo Álvaro que queda mucho, no te embales). Lo cumplo y me freno un poco mientras me adelantan a la espera de recoger los cadáveres de los ahora lanzados en la segunda mitad de la prueba. Paso el kilómetro 5 en 21'30 y el 10 en 43'20. En ese punto, los que participaban en la prueba de 10 se desviaban hacia el estadio donde terminaba la prueba, entre ellos un chico de unos 15 años al que tuve que advertir de ello cuando ya seguía a los de 21, y que iba casi dando tumbos después de ir dando cambios de ritmo cada vez que sus amigos le animaban.

El recorrido, plagado de toboganes y de dos vueltas, no se me hizo duro gracias al descanso que me proporcionaban las bajadas. Así pues, tomando agua en cada avituallamiento, cayó un gel en el kilómetro 15 para afrontar los últimos kilómetros en buen estado tras haber completado los 5 k del 10 al 15 en 21'16. "La media empieza en el 17", me repetí recordando unas palabras leídas ayer mientras adelantaba cada vez a más corredores. En el camino, de forma inesperada, bajó a animarme uno de mis compañeros de piso, mi amigo Pablo, lo que me hizo reír en plena carrera al saludarlo sorprendido.

Además del agua, tomé una de las esponjas para refrescarme antes de seguir esperando que las fuerzas no me fallaran. Y no lo hicieron. Acompañé unos metros a un corredor muy gracioso que iba arrancando los aplausos del público con frases como "¡no oigo nada!", con la voz entrecortada mientras una señora le decía que no hablara para no gastar energía y éste le daba la razón. Últimos kilómetros y el bajón no llega, animado por las buenas sensaciones me lanzo, entro en el estadio y sacando fuerzas para sprintar con todo paro el Garmin en los ya mencionados 1h 29' 41'' para 20,83 kilómetros, siendo esos últimos 830 metros los más rápidos, a una media de 3'54''. En la meta, el tradicional caldito caliente típico de esta prueba que sentó muy bien, y la presencia de mi amiga francesa Mathilde con una napolitana para recobrar fuerzas y no seguir bajando de mis actuales 66 kilos. Ya está lista la clasificación, en el siguiente enlace. Al final puesto 194 de 1.160 llegados a meta: http://www.forevent.es/resultados/moratalaz11/moratalaz11_21k.html

La media de hoy queda por tanto así:

1 al 5: 3:59 - 4:30 - 4:27 - 4:14 - 4:22
5 al 10: 4:26 - 4:25 - 4:20 - 4:16 - 4:07
10 al 15: 4:08 - 4:29 - 4:24 - 4:18 - 4:10
15 al 21: 4:23 - 4:20 - 4:22 - 4:17 - 4:11 - 3:14*

*830 metros

Bueno, tras esta buena noticia de hoy, excusarme por el tiempo sin actualizar el blog. Ya han pasado las semanas 8, 9 10 y 11 rumbo al Maratón de Valencia, y en todo ese tiempo ha habido mucho que contar, sin embargo entre el máster, clases de inglés, francés, correr y una visita de 4 días por Madrid y Ávila merced a una visita familiar, me han ido ir aplazando la actualización. En ese tiempo corrí la Carrera Popular del Retiro (10 K) a ritmo de 5', como un entreno más con dorsal, un cross del circuito universitario de Madrid de 5,1 kilómetros, terminados en 19'44, puesto 37 de 114, y la Carrera BBVA justo el día después, completando los 10 K en 40'25'' con un recorrido favorable para terminar el 160 de algo más de 5.000 llegados a meta.

Pero no todo son buenas nuevas, los kilometrajes semanales no han llegado a lo esperado por motivos tan variados como la visita familiar de 4 días, un pequeño catarro ya superado, y puede que la falta de una mayor voluntad. Esperemos no me pase factura.

Semana 8: 23 k (catarro + visita)
Semana 9: 50,1 k
Semana 10: 45,2 k
Semana 11: 45 k

En un próximo post evaluaré todo lo que está rodeando la preparación y las sensaciones para hacer un balance de pros y contras de cara a Valencia.

A seguir zancada a zancada forjando camino.


domingo, 16 de octubre de 2011

Semana 7/13: Sub 40'

Pues sí, al fin llegó, y de forma inesperada, un registro inferior a los 40 minutos en una prueba de 10 kilómetros. Concretamente 39 minutos y 37 segundos ha marcado el Garmin a mi paso por el 10k. Fue esta mañana en la XXXI Carrera de la Ciencia. Pero empiezo por donde se debe. Por el principio. A las 7 y cuarto de la mañana sonaba el despertador y simultáneamente mis compañeros de piso aparecían 'contentillos', por decirlo suavemente, tras una noche de 'alta graduación'. Desayuno cereales, me asomo a la aún noche madrileña y compruebo que la temperatura es baja. Me llevo un cortavientos, el DNI para recoger mi dorsal y chip, las llaves y el abono mensual de metro. Al llegar al andén veo a los primeros corredores, y al cambiar de vagón en Avenida América, ya somos una amplia mayoría. Mire donde mire el vagón está copado por corredores como no podía ser de otro modo, dado que la organización ha anunciado la participación de casi 7 mil atletas. Recojo dorsal y chip palpando un gran ambiente en la sede del CSIC de la calle Serrano, de donde partía la prueba. Dejo lo que me sobra en el guardarropa y hago un tímido calentamiento antes de colocarme en la salida 25 minutos antes del comienzo de la prueba, al ver que ya hay un grupito que ha tomado posiciones, y con la intención de evitar un posible embudo ante la masificación de la carrera. En primera línea, el maratoniano Julio Rey y su mujer, Vannesa Veiga (ganadora hoy en féminas), junto a los kenianos y marroquíes que dominaron la prueba.


 La espera va pasando y repaso mentalmente el perfil de la prueba. 3 kilómetros iniciales en bajada, 4 y medio de subida continua por el Paseo de la Castellana y bajada final hasta meta en los 2,5 últimos. En esas estoy cuando el pistoletazo me sorprende y salimos bajando a tumba abierta. Las bajadas las sobrellevo bastante bien, diría que me gustan, prácticamente no gasto energía, amplío la zancada y no siento molestia alguna, así que esos tres primeros kilómetros son muy rápidos. Lamentar una caída en esos compases iniciales, que no vi pero oí comentar a otros corredores.



Paso pues, los tres primeros kms en 3:37 - 3:42 - 3:37 y comenzamos el Paseo de la Castellana, que continuamente tira hacia arriba. Avituallamiento mal organizado en el kilómetro 5, con los voluntarios llenando vasos que no están listos de bebida isotónica obligando a alguno a detenerse. Yo agarro un vaso enorme del cual es complicadísimo beber y tras un par de tragos y unos segundos perdidos prosigo el camino. Seguimos avanzando y contemplo complacido el Santiago Bernabéu (lo siento, soy xerecista y del Madrid), uno que va delante mía se detiene a atarse los cordones, y las calles de este Madrid dominical y mañanero están prácticamente vacías. Eso sí, la temperatura es perfecta para correr, rondando los 12 o 13 grados. Los kilómetros de ligera subida los marco en 4:07 - 4:10 - 4:19 - 4:20. Voy perdiendo velocidad pero la bajada ya está ahí, lo que me supone un respiro y una motivación extra. Veo la media por kilómetro y soy consciente de que por primera vez puedo bajar de 40, por lo que pese a que en plena carrera me acuerdo de que como bien dice Antonio Morales, no conviene darlo todo en un entrenamiento pre-Maratón, hago un último esfuerzo para mejorar la marca de 40 minutos 40 segundos conseguida la semana pasada en la Carrera del Corazón. Así, los tres últimos kilómetros pasan en 3:51 - 3:56 - 3:54 llegando a meta en el puesto 299 de un total de 5.992 corredores que finalizaron la prueba, el 100 en categoría Senior a una media de 3:57 el km. La entrada en meta sin embargo la hago con el Garmin marcando 40'29'' debido a que me salen 240 metros más de los 10 k estipulados, lo mismo me confirman otros corredores en meta, por lo que mi sub 40' queda como 'oficioso' para hacerlo oficial en otra ocasión. El desnivel fue de 94 metros tanto positiva como negativa.



La bolsa del corredor bastante completa, con powerade, pastelillo, zumo, caldo de pollo, una lata de no se que, y una camiseta de mangas largas bastante chula. Además recojo una revista, polvos para hacer powerade en casa, y coca cola light que ofrecen gratuitamente. La marea se va disolviendo por las bocas de metro con la misma velocidad con la que llegó, y una mañana más de atletismo terminaba en la capital de España. Como curiosidad destacar que el organizador de la carrera desde 1979, Paco Cisneros, participó con el dorsal nº1 terminando en 54'49'' a sus más de 70 años. Hace 31 años, en la primera edición de la Carrera del CSIC, fue tercero.

Para analizar la mejora que llevo viviendo en las últimas semanas remarcaría varios factores:
1. Climáticos: Mi rendimiento con calor baja ostensiblemente.
2. Logísticos: Las nuevas zapatillas Brooks Ghost 3 me están yendo muy muy bien y no siento molestia alguna.
3. Asimilación: Hasta que comencé la preparación maratoniana mis entrenos no superaban los 30 kilómetros semanales. Al aumentar ese volumen hasta los 60 estoy ganando en resistencia y fuerza. Mi cuerpo cada vez va asimilando más los kilómetros y no ha perdido ese puntito de velocidad.
4. Afinamiento: Como consecuencia del aumento de kilómetros también he perdido algo de peso bajando hasta los 68 kilos actuales para mis 1,78 metros.
5. Alimentación: Con mi marcha a Madrid ya no tengo la suerte de degustar los grandes platos de mi madre (se extrañan sí) pero a cambio llevo una alimentación más centrada en la ingesta de hidratos.

La séptima semana de entrenos pre-Valencia se saldan con un total de 60,42 kilómetros distribuidos en 7 k el martes, 16,15 el jueves por el Retiro, otros 7 viernes, tirada de 20 k por el Retiro el sábado, y Carrera de la Ciencia de 10 k el domingo. La mejor noticia es que no siento ninguna molestia. Eso sí, de unas semanas para acá 2 de mis uñas se han ennegrecido, por lo que tengo pendiente visita al podólogo.

La octava semana ya está aquí, y Valencia... cada vez más cerca.

Clasificaciones en: http://www.carreraspopulares.com/fullscan_2011/V1_FS_oficial.asp?fr_tipo_consulta=1

lunes, 10 de octubre de 2011

Doble Medio Maratón y MMP

Siguen los entrenos camino a Valencia y cada vez mejores sensaciones. Tras quedar un poco tocado físicamente al finalizar la Media Maratón de Marbella. La semana que le siguíó no tuvo la intensidad de entrenos requerida. Parte de la culpa la tuvo también la organización de mi marcha a Madrid, donde pasaré los próximos meses cursando un Máster. Dicha semana, la pasada, tuvo como aliciente la participación en la Nocturna del Guadalquivir, donde pude compartir un buen rato con Charlie antes de perderme entre la marea humana y comprobar que lo que todo el mundo decía, que se trataba de una fiesta, era una realidad. También que no era el día de correr rápido. Lo importante era tomar las calles y que toda Sevilla empezara a preguntarse ¿y por qué correrán esos? ¿Seré capaz de hacerlo? Por el camino, más de un grupito de adolescentes cargados de bolsas camino del botellón, aguardaba con impaciencia para poder cruzar la calle mientras esas 23 mil personas daban una zancada tras otra.

Al día siguiente de la Nocturna llegué a Madrid tras un corto y agradable trayecto en AVE viendo la película de turno. Una francesa muy divertida. Dejé las maletas, charlé un rato con los que serán mis compañeros de piso y me calcé las zapatillas para reconocer los parques cercanos, concretamente el parque de Moratalaz y el parque cuña verde de O'Donell. No me sentí del todo bien y los labios se me secaron rápidamente, un hecho que otras personas que han llegado a Madrid de fuera me han dicho que se debe a que la contaminación es más elevada (esta semana se alertó de que los medidores están superando los niveles recomendados de CO2). 

Además de los parques cercanos, al llegar a Madrid tenía claro que el Retiro sería el lugar de mis tiradas largas, asi que el pasado martes, tras estudiar el camino en google maps, sali de Moratalaz rumbo al Retiro, del que me separan 3 kilómetros. Alli completé otros 15 y con los 3 de la vuelta clavé un total de 21 kilómetros 100 metros en 1 hora 43 minutos y 39 segundos, a una media de 4:54 el km. El entorno es perfecto para correr como muestra la cantidad de runners que por allí circulan cada día, entre los que me topé en varias ocasiones con una chica que portaba la camiseta de la carrera de 100 km Madrid-Segovia. Casi nada. Al dia siguiente, 9 kilómetros más a la saca por los parques de alrededores de casa, y después de dejar el jueves como día de descanso, el viernes volví a las andadas hacia el parque más famoso de Madrid. 

La idea era hacer unos 16-17 kilométros y probar un gel que habia comprado el día antes en la tienda Bikila para que mi cuerpo se vaya habituando a ellos. Todo fue perfecto y en el kilómetro 15 puse rumbo a casa con la diferencia de que salí por otra puerta del parque, confiado en que mi intuición me guiaría hasta el hogar. ¡Nada más lejos de la realidad! Cuando creía que llevaba el camino correcto aparecí junto al Paseo de la Castellana recibiendo por respuesta un "no lo sé lo siento" acompañado de caras de "este chaval está muy perdido" cuando preguntaba por donde se llega a Moratalaz. Pero no cundió el pánico, seguí corriendo hasta que me acerqué a los que mejor conocen las ciudades: Los taxistas. Uno de ellos me puso en la buena senda y la tomé. Sin embargo, volví a desviarme y vuelta a preguntar a un hombre. "Moratalaz son esos de allí, puedes hacer campo a través esa zona y te ahorras un trecho", me dijo señalándome el que ahora sé que es el parque de la Elipa. Así lo hice y al completar la travesía entre arboles y raíces, y para asegurarme del todo, volví a cuestionar a un ciudadano sobre la calle donde vivo. Cuando esperaba que tras el campo a través, este me dijera que podía nadar mil metros para pasar un lago y así cortar camino, el amable conciudadano me señaló que estaba cerca de mi destino final. Hacia allí me dirigí subiendo las cuestas que lo anteceden y al mirar el reloj ví que había superado los 20 kilómetros, así que me propuse clavar los 21,1, a los que llegué un par de calles antes de la mía, parando el crono en 1 hora 43 minutos 1 segundo a una media de 4:53 min por kilómetro. Caminando el escaso recorrido que me faltaba, pensé que la desorientación era un buen modo de entreno que Jack Daniels y compañía deberían incluir en sus libros. "Corre sin rumbo y vuelve a casa luego", si tienen la misma orientación que yo, sumarán más kilómetros de los previstos.

Al día siguiente a este medio maratón improvisado, y para poner la guinda a la semana, participé en la Carrera del Corazón, que este pasado sábado reunió a más de 3 mil personas en la Casa de Campo, otro idílico paraje runner que tenía ganas de conocer. El día antes recogí dorsal y chip en el Corte inglés de Nuevos Ministerios y me hice unas pruebas que al ser el motivo de la jornada la salud cardiovascular, ofrecían gratuitamente en las mismas instalaciones del Corte Inglés. Colesterol normal, tensión arterial perfecta, índice de masa corporal bajo y bajo peso respecto a la media merced a los 68,2 kilos que marcó la báscula para 1.75 metros de altura sin calzado (he perdido algún kilo en el último mes). Así pues, al día siguiente el despertador sonó pronto, a las 8 de la mañana, desayune unos cereales, me atavié con unas mallas cortas nuevas adquiridas en Bikila y la camiseta regalo de la organización, y tome el metro hasta la parada Lago, en la Casa de Campo. En el camino muchos adolescentes disfrazados que iban camino del "Japan weekend" oyendo a alguno de los cuales autodenominarse "frikis" y con un chico de más de metro noventa vestido de Eduardo Manostijeras llevándose la palma al tío más inquietante del vagón. 

A las 9 y media ya estaba junto a la salida de la carrera. Pronto, pues hasta las 11 no se daba la salida. Me senté en un banco y acabé de leer "Correr o Morir" de Kilian Jornet, buscando un poco de motivación extra. Dejé las cosas en el guardarropa y tras calentar y estirar todo estaba listo. El periodista de Antena 3 Matias Prats, se acercó a la masa de corredores y cortó la cinta de salida ejerciendo de padrino de la carrera. Los fotógrafos dispararon los flashes y una cuenta atrás de 10 segundos precedió a la estampida general. Para correr más cómodo decidí colocarme en las primeras filas, y allí el gusanillo de intentar mejorar la marca empezó a crecer frente a la prudencia de contemporizar, si bien el perfil de la prueba que había visto en un folio por allí colocado, parecía que no era el más idóneo por algunas de sus cuestas. Salida rápida con pequeña cuestecita inicial y mucho polvo por la superficie de tierra. Paso los primeros 5 kilómetros en 19:44 sumando 3:54 - 4:00 - 3:56 - 3:55 y 3:57, el perfil tira algo cuesta abajo en algunas partes y es bastante rápido. Miro el Garmin y me digo que voy demasiado rápido, no en vano nunca había corrido 5 kilómetros en ese tiempo y me puede pasar factura en la segunda parte. En el avituallamiento veo agua y aquarius y dudando un poco cojo el aquarius, que viene en lata y no consigo abrirla a la primera mientras corro, distrayéndome unos instantes. El recorrido me gusta, rodeado de zonas verdes en gran parte del mismo, pero ante el temor de perder fuelle al final, levanto el pie del acelerador y marco el sexto en 4:07, el séptimo en 4:17 y el octavo en 4:20, espero encontrarme en algún momento una cuesta complicada pero solo hay algunos tramos donde tira hacia arriba sin gran dificultad. 

video



Adelanto y me adelantan, y el noveno kilómetro cae en 4:16, miro el cronómetro y calculo que puedo mejorar mi anterior tiempo de 10 k, que era 40:55. Saco las fuerzas que me quedan y el último kilómetro queda como el más rápido de los 10 en 3:52 para un tiempo total de 40:40 según el Garmin, tres segundos más por el chip, a una media de 4:04 el km terminando en el puesto 134 de 1981 llegados a meta, el 61 en categoría senior. Levanto ligeramente los brazos y satisfecho con la prueba, recojo un powerade y la bolsa del corredor con platano, botella de agua y diversos folletos promocionales. Las dos primeras chicas llegan unos segundos después disputándose el triunfo en un cerrado sprint. Ricardo Abad, que se ha propuesto el reto de correr 500 maratones en 500 días, llega en más de 43 minutos y no sé si los 32 restantes de su maratón diario los ha corrido antes o se dispone a hacerlo después.

Los entrenos pre-Maratón de Valencia quedan por tanto así:

Semana 1: 50,81 kms
Semana 2: 50,12 kms
Semana 3: 40 kms
Semana 4: 60,54 kms
Semana 5: 36,37 kms (tocado por Marbella y traslado a Madrid)
Semana 6: 61,21 kms a 12,6 km/h 


domingo, 25 de septiembre de 2011

XXVI Media Maratón de Marbella

Acaba el Barça-Atlético. Un baño de juego. Espectáculo. Mi hermano se va. Con la novia y amigos. ¿Me despiertas si llegas a las 5? Vale. Me voy a la cama. ¿A qué hora la alarma? A las 5. Bueno a y 5. Uff. Son la 1. La 1:30 cuando miro el reloj del móvil. Doy vueltas en busca de la postura y pienso en Berlín. Allí hay maratón este domingo. Gebre y Makau. Nimo y Serrano en busca de la mínima Olímpica. Muchos españoles. Corredores populares. Seguro que alguno también busca la postura. No voy a pensar en nada. Funciona. Oigo un ruido. ¿Dani? Sí, ya estoy en casa. ¿Qué hora es? Las 3:30. Me acomodo de nuevo. Hora y media de sueño. La nada. Despertador. Arriba. Ducha. Reviso la mochila. Está todo. Bajo a la calle. Negrura. Una chica camina con los tacones en la mano acompañada de una amiga. Mis pies sufrirán hoy más que los tuyos, pienso sin decirlo. Continúo. Otra que sigue la moda Tarahumara. Esta vez junto al que parece su novio. Llego al Hotel Jerez. Le dije a Antonio a las 6. Con puntualidad británica le advertí el día antes. Lo incumplo. Llego a las 5.55. Pasan 10 minutos y estoy solo con una mochila y en pantalón corto. Me asomo a un coche estacionado. No es. Amago con llamarlo. Paciencia. Le doy el beneficio de la duda hasta y 10. Llega. Nos vamos. Hablamos de correr. Del desastre de su primera tarta de carbohidratos. Bien la segunda. Entrenos, maratones, lesiones y hasta operaciones. Las luces puestas. La luna puesta. No llena. Está fina, delgada. Amanece en el horizonte. Marbella está a dos horas. Parece menos. Dorsal, chip. Zumo, café. Presentaciones. David y Falín. El Mediterráneo. ¿Dónde hay un servicio? Allí. Vamos. Nos cambiamos. Trotamos. Hoy toca trabajar dice el gemelo al sóleo. Se corre la voz. A la salida. Mil almas respiran en pantalón corto. Nos vamos al final. Busco mi butaca en la última fila. No somos kenianos. Un tiro. No hay muertos. Los futuros cadáveres aún dan zancadas. Avanzo entre ellos. Zig-zag. Slalom. ¡Cuidado! Paramos. Me zancadillean. Perdón. Perdonado. Mil metros. 5:02. Toca acelerar. Con cabeza. Sólo quedan 20 mil 97 metros. Qué alivio. Familias que animan. Novias que animan. A mi no me animan. Estoy lejos. De casa. Intentando demostrarme cosas. Qué soy más rápido qué ayer. Más resistente. Incertidumbre. 4:30 por km es el ritmo. Adelanto. Paseo Marítimo de Marbella. El sol arriba. En otoño. Corriendo junto al mar de jeques y petrodólares. También es Mare Nostrum. Y nuestro es el sufrimiento. ¿Quién puso ahí esa cuesta? Kilómetro 10. Algo más de 45 minutos. Buscando la mitad. Mármol, tierra. Avituallamientos. Agua, por favor. El gel hoy no lo uso. Molesta el estómago. Pienso en otra cosa. Berlín, a esa hora. Miles y miles de Filípides. Me mantengo. Voy bien. Una costura del zapato. Molesta. 500 kilómetros contigo y hoy vienes con estas. Vamos a acabar mal. Lo ignoro. Kilómetro 15. La media a 4:33/km. Una adolescente en bici amaga con caerse. Sobre mi. La sujeto. Es de la organización. Perdón. No pasa nada. Resto mentalmente. Quedan sólo 5. Cómo de mi casa al Corte Inglés. Y volver. No es mucho. El sol está arriba. La costura me saluda. No le hago caso. Recojo cadáveres. Que andan con dorsal. Rebaso respiraciones angustiosas. Ya no voy tan bien. Pienso en Kilian Jornet corriendo por la montaña. Días y días. Dejo los treinta. 4:37, 4:40, 4:48, 4:51. Me adelantan. Busco la meta. 100 metros. Acelero. Brazos en alto. 1h37'. Saludo a Falín. Un choque de manos. Agua, aquarius. Antonio y David llegan. 1h42'. Muy buena. Rodaje sin pretensiones. Ducha. Estiro. Soy una tortuga. Camino muy lento. ¿Maratón? Es el doble. Ufff. Son otros ritmos. Ahh! A la carretera. Sin luna. Hablamos de fútbol, de golf, de pádel. De la familia. De lo que vamos a comer. De lo que vamos a dormir. Hay vida más allá del running. Qué sueño. 2 horas después. Estamos en Jerez. Nos vemos! Hasta pronto! Bajo del coche. No se ven tacones. No en la mano. Es domingo. De vuelta en casa. ¿Qué tal te fue? Te cuento...

Datos:
Garmin: 1h37'20'' - 21,28 kms (por haber tomado trazadas más largas)
Posición final: 197 de 830 llegados a meta (990 inscritos)
Posición categoría senior: 49 de 166 llegados a meta

Con Falín, David y Antonio, instantes antes de empezar




jueves, 15 de septiembre de 2011

Camino a Valencia 2/13

Esta segunda semana de entrenos de preparación para el Maratón de Valencia, todavía con calor veraniego por estos lares del sur de Europa (y que dure, que bañarse en la playita en pleno mes de septiembre sigue siendo un lujo), se ha saldado con 50,12 kilómetros de carrera a pie divididos en cinco sesiones a una velocidad media en torno a 4'50'' el kilómetro. 

La semana comenzó con descanso el lunes para el martes ponernos por fin en marcha con una decena de kilómetros por las urbanizaciones de El Ancla, Las Redes, El Águila y un tramo por la playa junto a mi hermano Dani, que está preparando uno de los triatlones más duros del momento: el Titán (la que le espera). Al día siguiente, poco antes de que dieran las 9 de la mañana ya estaba pedaleando camino a Gibalbín acompañado de Charlie y mi hermano de nuevo. En total, 66 kilómetros ayudados por la energía aportada por el mollete de jamon, aceite y tomate que ya se ha convertido en tradición cada vez que completamos dicha ruta. 

El jueves, a los tres mosqueteros ya citados se nos unió otro espadachín de gran nivel en el noble arte de dar zancadas, Diego, que corre por debajo de cuatro minutos el kilómetro como el que oye llover. No fuimos a esos ritmos, claro está, y tras citarnos en el privilegiado entorno del  parque de Los Toruños, recorrimos 15,71 kilómetros a una tranquila media de 5'10'' el km con una relajada charla por el camino, y una leve aceleración en el último kilómetro. 

Se acercaba el Triatlón de Chiclana del domingo, una prueba que esperaba con ganas tras la primera experiencia en esta disciplina, allá por el mes de abril en Sevilla, pero sin perder de vista el kilometraje semanal mínimo que me he comprometido a completar, fijado en 50 kilómetros, y que alcanzará picos mayores en la mitad de la preparación. Así pues, viernes y sábado salí durante 45 minutos a ritmos de 4'52'' y 4'34'' respectivamente. La noche previa al triatlón acudí con unos amigos a ver la victoria del Madrid ante el Getafe y mientras ellos tomaban un cubata tras otro, yo me conformé con una cerveza ante la sorpresa de muchos de ellos, a los que llevaba tiempo sin ver por aquello de haber estado trabajando en Francia, y no están del todo al tanto de mis nuevas aspiraciones deportivas. Ganó el Madrid, expliqué a más de uno como iba eso del Triatlón y entre pitos y flautas no me acosté hasta las 2 de la mañana. 

Cinco horas de sueño después pusimos mi hermano y yo rumbo a Chiclana, con un gran ambiente triatlético y un alto nivel entre los participantes, muy por encima de la media que me encontré en Sevilla, que al ser más popular y tener también disciplina Olímpica, alberga un mayor número de novatos en la materia. Allí nos tomamos una foto con Charlie y por fin nos preparamos para empezar el segmento de natación. Todavía estoy preguntando una duda sobre el recorrido a uno de los triatletas cuando dan la salida y sin que le dé tiempo a responderme echamos a correr hacia el agua. Una natación más limpia que otras veces, sin los guantazos que en el anterior triatlón me obligaron a nadar bocarriba unos segundos para recuperar el resuello. Cómo siempre, mi orientación me juega malas pasadas y tengo que modificar mi trayectoria ante la última boya. La distancia es mayor a la habitual (900 metros) que según la organización termino en 20'28'', no puedo aspirar a más mientras no entrene esto de dar brazadas.



No conozco los tiempos de las transiciones, pero el sector de bicicleta muestra lo que ya había intuido, el nivel de los participantes es alto, y pasan algunos grupos rodando como auténticos misiles. Cometo el error de ir a mi ritmo, por sensaciones, sin prácticamente coger rueda. En el camino veo a mi hermano, que me saca una buena ventaja, y lo animo con algún grito, y en la última vuelta cojo a Charlie, al que no esperaba ver hasta el sector de carrera. No voy tan mal, me digo. Llego a correr tras una media de 28,8 km/h sobre las dos ruedas, y con ganas de empezar el que es sin duda mi mejor sector, o eso pensaba hasta que tras calzarme las zapatillas empiezo a notar que las cosas no van bien. Siento algo de flato, uno de los gemelos me da un aviso, no he probado los cordones elásticos hasta hoy y están demasiado apretados sintiendo algo de hormigueo en ambos pies. No puedo acelerar como de costumbre y me conformo con un ritmo lento para acabar la prueba. Termino los 5 kilómetros en 24'27'' cuando mi mejor tiempo en esa distancia ronda los 20 minutos. 

El tiempo total supera la 1h 26', un minuto más que en el de Sevilla. No estoy muy contento con mi rendimiento pero lo he pasado bien con una jornada más de triatlón, sé que tengo mucho margen de mejora y estoy seguro de que seré capaz de bajar de 1h20' la próxima temporada. Toca volver a casa y pensar en correr, correr y más correr. El 25 de septiembre viene la Media Maratón de Marbella y voy ambicioso, me gustaría mejorar mi marca bajando de 1h35'. Allá voy!

martes, 6 de septiembre de 2011

Una de 50, por favor

Marchando una de 50. La primera semana de entrenamientos "serios" de las 13 de que consta el camino hacia el Maratón de Valencia se ha saldado así. Con una ración de 50 kilómetros 850 metros repartidos en cinco salidas a un ritmo medio justo y clavado de 5 minutos por kilómetro.



La semana comenzó con una salida por Los Toruños y la playa de Levante en la que cayeron 12 kilómetros progresivos con la primera parte a un ritmo superior a los 5 minutos y la segunda por debajo. El martes fue el turno de unas cortas series de 2x2.500, la distancia que separa mi casa en la urbanización El Ancla de Vistahermosa, donde fui a echar el euromillón ese día (mi lado ludópata se limita a euromillón y quiniela). Por tanto fue llegar al kiosco rellenar los numeritos, guardarlo en el bolsillo (palpándolo de vez en cuando mientras corría para ver que seguían ahí, no se fueran a escapar los millones) y regresar. Cada uno de los dos parciales fue de 10 minutos 30 segundos a una media de 4'11''.

El miércoles tocó día de descanso, y como habéis podido adivinar, mis bolsillos andaban igual de vacíos que el día anterior a rellenar los dichosos numeritos de la suerte. El jueves parecía que la lluvia podía enturbiar los planes, pero por suerte, los claros se abrieron paso y a eso de las ocho y media pude salir a completar una decena de kilómetros, la primera parte por asfalto y la segunda junto a la orilla del mar con un fuerte viento de cara en la primera parte, y empujándome al final.

El viernes fue turno del segundo y último día de reposo semanal, una forma de recargar fuerzas para el sábado, donde desde las 8 de la mañana tuve la buena compañía de Charlie, Antonio Morales, el atleta Matraca Roteño y Curro en bici en una tirada por Los Toruños con una pequeña incursión en la playa de Levante que se alargó durante 1h39 minutos para completar 18,65 kilómetros a un ritmo medio de 5'19'' y 155 pulsaciones medias.

Ese día puse rumbo a Jerez para no perderme la prueba de Maratón de los Mundiales de Daegu, dado que solo tengo Eurosport en la casa de Jerez. Rafa Iglesias, Chema Martínez y Pablo Villalobos completaron los 42 kilómetros sin excesiva brillantez y el dominio keniano quedó patente una vez más con la victoria de Abel Kirui, el que fuera liebre de Gebre durante su récord del mundo en Berlín. La carrera empezaba a las 2 de la mañana y reconozco que en algún tramo, y ante la falta de opciones de los nuestros, eché una cabezadita en el sofá.



Por último, y para cerrar la semana, una corta salida de algo más de 5 kilómetros para superar esa barrera de los 50 que me he marcado como objetivo semanal, lo que me llevará por encima de los 600 kilómetros recorridos en las 12 semanas de preparación hacia Valencia.

Para esta semana, repito menú, si bien como entrantes y postre habrá también algo de nado y bicicleta, puesto que el domingo tomaré parte en el Triatlón de Chiclana (se quiere llevar todo para adelante). El plato principal será el mismo. Póngame una de 50, por favor.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Justo reconocimiento

Es el fondista total. Una máquina de batir récords forjada en los campos de Etiopía. Es el justo ganador del premio Príncipe de Asturias. Un reconocimiento que ha ganado enteros entregándoselo a él pese a la presión mediática en favor de Raúl. "Prefería que se lo hubieran dado a Raúl, aqui en Asturias al etíope como que no lo conocemos mucho", decía un ciudadano entrevistado. Es Gebrselassie. No todos tienen la obligación de conocer su historial. El jurado sí. Y es por eso que si se trata de un premio que quiere ensalzar la excelencia deportiva, primen aquellos que hayan hecho algo diferente, que nadie haya logrado antes. Pecar de ombliguismo en favor de uno de los grandes del fútbol, al que es de justicia resaltar su calidad y capacidad de entrega, y al que ví maravillado debutar con 17 años, habría sido un error. Una cosa no quita la otra.


Reportajes como este, que se acerca a las circunstancias que rodearon la consecución de su récord del mundo de Maratón, fijado en Berlín en 2h03'59'', hablan por sí solos.


martes, 30 de agosto de 2011

Entrando en materia

En estos primeros días de mentalizarme en el camino hacia el Maratón de Valencia no he completado el volumen de kilómetros que debo ir alcanzando. Esos 50 kilómetros semanales mínimos se quedaron en 30, si bien todo tiene una explicación. Una salida en bici Jerez - Gibalbín - Arcos - Jerez de mas de 80 kilómetros y 3 horas y media llenó toda una mañana de pedaladas en lugar de zancadas. Esa tirada en bici fue del todo imprevista, dado que ese día teníamos previsto participar mi hermano y yo en el Acuatlón de Chiclana, lo que debido a una infección de última hora en el oído le fue imposible, por lo que tampoco tomé parte en la competición y nos lanzamos a la carretera dejando el ansia competitiva para mejor ocasión. Concretamente para el Triatlón de Chiclana del próximo 11 de septiembre. Las sensaciones sobre la bici fueron buenas, y pese a la larga inactividad que llevo sobre las dos ruedas (prácticamente desde el Triatlón de Sevilla sin salir en bici), las temidas agujetas no han hecho acto de aparición, lo que me permitió correr unos kilómetros ayer lunes.

Y es que esta semana no perdonaré los 50 kilómetros de rigor, dando por oficialmente comenzado un plan de 13 semanas de preparación, por lo que coincidiendo con un obligado paso por Valdelagrana, me interné en el parque de Los Toruños y la playa de Levante (en la que algunos, más bien pocos, aprovechan para hacer nudismo) para correr una docena de kilómetros pasadas las siete de la tarde a un ritmo tranquilo de 5 minutos por kilómetro durante una hora, todavía con más calor del deseable. Eso sí, el bañito playero pos-carrera no tiene precio. Y el ratito jugando a las palas en la orilla mientras el sol se ponía, tampoco.
Parque de los Toruños

jueves, 25 de agosto de 2011

Pequeñas distracciones (deportivas)

Un evento de las características del Maratón requiere una preparación, como todos sabemos, constante y yo diría que de al menos 12 semanas para llegar con garantías (también hay que tener en cuenta la base previa claro está). Es por eso que algunas competiciones veraniegas que ya tenía planificadas van a suponer "distracciones" en la preparación hacia mi debut maratoniano en Valencia el próximo 27 de noviembre. Sin ir más lejos, este domingo tomaré parte en el Acuatlón de Chiclana, una prueba explosiva de 2,5 kilómetros corriendo, 1 kilómetro nadando, y vuelta a correr otros 2,5 kilómetros. No queda ahí la cosa, dos semanas después, el 11 de septiembre, participaré en el Triatlón de Chiclana, de distancia Sprint, donde los 300 inscritos que en hora y media agotaron el cupo (increíble el interés que cada vez más despiertan estas pruebas) completarán 750 metros nadando, 20 kms de bici y 5 kms corriendo.




Estas pocas incursiones en otras disciplinas seguramente no aparezcan en muchos manuales de entrenos maratonianos, pero el triatlón es una disciplina que cada vez me interesa más (pese a mi falta de pericia nadando), y mi recién estrenada bicicleta de carretera Specialized Allez Comp Compact 105 me pide que la saque de paseo.



Espero sean un buen complemento durante estas próximas dos semanas antes de que la carrera a pie se imponga definitivamente con medias de más de 50 kilómetros semanales. En estos tres meses aún estoy pensando cuáles serán las medias maratones que me servirán de aperitivo preparatorio, la primera podría ser Marbella el 25 de septiembre, y las otras dos Fuenlabrada y Moratalaz, dado que desde comienzos de octubre me traslado a Madrid durante al menos 10 meses para completar un master de Comunicación Corporativa en la capital.


PD: Vergonzoso que TVE no haya adquirido los derechos de un evento como el Mundial de Atletismo de Daegu. Entre Eurosport e Internet habrá que apañarse.

jueves, 18 de agosto de 2011

100 días


18 de agosto de 2011. Quedan justo 100 días para que el Maratón de Valencia eche a andar y miles de corredores se lancen a completar sus 42 kilómetros 195 metros. Yo seré uno de ellos. Hoy me he inscrito. Ya lo había decidido. Lo voy a hacer. Seré maratoniano. Hasta entonces, el camino no ha hecho más que empezar, y mientras lo recorro, día a día, zancada a zancada, este blog, que lleva por título la palabra griega Nenikékamen (Victoria) que el exhausto Filípides pronunciara poco antes de morir en un esfuerzo similar en distancia al que emprenderé el próximo 27 de noviembre, será registro de mis venturas y desventuras. Quedan 100 días. El reto está servido.