sábado, 28 de enero de 2012

Viva el Cross Country

De amarillo en el Cross de Moratalaz

Parece un estilo de música pero es hierba fresca, pinares que ocultan el cielo, cuestas empinadas, bajadas suicidas y cuando los cielos descargan, barro, mucho barro. El Cross Country es atletismo puro y desde su nacimiento en Inglaterra en el siglo XIX suele inaugurar el calendario anual con pruebas de tanta tradición en España como Itálica, Atapuerca y Elgoibar entre otras. No quise faltar a dicha tradición, y este mes de enero que concluye el cross ha tenido cierto protagonismo para mí, al participar en los crosses de la UNED y de Moratalaz.

Del primero de ellos, celebrado en la zona estudiantil de Madrid, la Ciudad Universitaria, me llevo la dureza que a lo largo de sus 5 kilómetros no da tregua a los corredores, con unas cuestas de vértigo y unos descensos pronunciados que obligan a poner el freno para no acabar por los suelos. Una de las imágenes que me llevo es el de uno de los corredores que iba delante mía parado y agarrado al tronco de un árbol vomitando... No fue muy agradable de ver. Al final puesto 108 de 380 participantes a una media de poco más de 4:30 en un circuito que a mis piernas no les daba para más en una mañana fría, fría, fría.

Salida Cross de Moratalaz

El otro cross en el que tomé parte, la semana siguiente, tenía un valor especial por ser el de mi barrio de adopción en Madrid, Moratalaz, y por estar organizado por el club del que desde este mes formo parte, la Asociación Atlética Moratalaz, un equipo con tradición sucesor del mítico Larios donde ya me están dando caña de la mano de su entrenador Rafa, antaño seleccionador nacional, nada más y nada menos. Disponer de un gimnasio y de gente con la que entrenar será positivo para la preparación maratoniana. Pues bien, con un recorrido de algo menos de 6 kilómetros de caminos de tierra dura (la lluvia este mes de enero ha brillado por su ausencia para desgracia del necesitado campo y de los ciudadanos que sufrimos el aire contaminado de la capital), dicho cross sí permitía meter una velocidad más, concretamente a una media de 3:55 el kilómetro y siguiendo de lejos a uno de mis compañeros de club, el senegalés Mahmadou, de 21 años, una gacela que venció en promesas y con unas condiciones privilegiadas para el atletismo. Al final, puesto 16 de un total de poco más de medio centenar de participantes.

Con Mahmadou

No todo fueron caminos de tierra, hierba y pinares,otra de las carreras del mes de enero fue el trofeo Paris. Un 10 k con muy buena prensa entre los corredores, que hace gala de una organización impecable en un entorno, el de la ribera del Manzanares, muy atractivo para echar unas zancadas mañaneras. Hasta allí me desplacé con las agujetas de haber corrido el día anterior el cross de la UNED (sí, ese del que hablo arriba lleno de cuestas y desniveles), y claro, dos carreras en dos días pasan factura. Pasé el kilómetro 5 en 20 minutos, a 4' el kilómetro, pero desde ahí hasta meta el rendimiento bajó ostensiblemente, especialmente en los dos últimos kilómetros, donde solo luché por acabar en un tiempo de 42'47''. Lejos del sub 40 de los dos últimos 10 k, pero satisfecho por saber el motivo del pequeño bajón.

Trofeo Páris - 10 k

Al margen de carreras, la inscripción al club ya comentada arriba ha sido lo más destacado del mes, pero no lo único. También tomaré parte en algunos de los entrenamientos que cada domingo el club MAPOMA organiza en la Casa de Campo de Madrid con vistas al Maratón junto a más de un centenar de corredores divididos según objetivos de tiempo (estoy en el grupo sub 3h30). No dejaré de correr solo en alguna ocasión, pero compartir una pasión siempre es gratificante, y eso es lo que pretendo en el camino hacia el Rock&Roll Marathon de Madrid que empiezo este lunes con 12 semanas por delante, una travesía en la que ya tengo plaza reservada en los medios maratones de Fuencarral (12 de febrero), Ciudad Universitaria (11 de marzo) y Villa de Madrid (1 de abril). También estaré en un cross corto, el Trofeo Marathon (5 de febrero), y en el que dicen es uno de los 10 k más favorables para hacer marca, la Carrera del Agua (18 de marzo). El resto serán entrenos y más entrenos. Madrid no es un maratón más, es dureza, es sufrimiento, es cuestas en una parte final llena de corredores andando buscando una meta que no termina de llegar nunca.

Que empiece el espectáculo.

¿Alzaré los brazos en el Retiro el 22 de abril?
Postdata para futboleros: De forma casi milagrosa encontré entradas junto a compañeros del Máster para el Real Madrid - Barcelona de Copa que se disputó en el Santiago Bernabéu. Ambiente increíble, vellos de punta con el gol de Cristiano... y el resto del partido ya lo conocéis. Dejo el documento gráfico como testimonio y enhorabuena a los barcelonistas acompañada de un aviso: La 'vendetta' no se hará esperar.

En el coliseo blanco

viernes, 6 de enero de 2012

I San Silvestre Jerezana

De rojo, a la derecha, en plena salida
La primera edición de la San Silvestre Jerezana competitiva organizada por Activa Club reunió a algunos centenares de personas en torno a esto del atletismo, unas decenas de "tios/as raros" que pensamos aquello de "qué mejor manera de despedir el año que corriendo".

Hasta el parque empresarial de Jerez me trasladé con esa idea en la cabeza y con pocos entrenamientos a mis espaldas. Aguardaban 5 kilómetros que si bien no iban a servir para bajar muchos excesos, sí vendrían bien para meter algo de velocidad al cuerpo.

Sin muchas pretensiones y esperando guiarme por sensaciones me coloqué en la línea de salida tras un calentamiento muy agradable con Diego, Germán y otros miembros de su club. También tuve la ocasión de conversar con David Matraca, al que ví fino fino en su preparación con vistas a la Maratón de Sevilla.

Con Germán y Diego esperando la salida

Tras un retraso de media hora en la salida por estar apurándose las inscripciones, me coloco en primera línea junto a Diego y Germán. Hace mucho que no hago un 5 k por asfalto (ya hubo algún cross), y la salida es bastante rápida por aparecer una primera bajada en el circuito de dos vueltas planteado por la organización.

Dos corredores se escapan del resto y se percibe que serán los que se disputen la prueba. Paso el primer kilómetro en 3.30 y voy algo rezagado de Diego y Germán, que van entre los diez primeros, puestos que mantendrían hasta el final. Marco 3.40 en el segundo kilómetro y 4.07 en el tercero, que tira hacia arriba. Veo que puedo mejorar mi marca en los 5 k e intento con un último esfuerzo dar lo que me queda.

Ecuador de la carrera
Paso el cuarto kilómetro en 3.47 y mantengo el ritmo cuando la meta se me echa encima antes de lo previsto y entro marcando 18.19 para una distancia de 4.81 kilómetros. Una pena no haber podido completar la distancia exacta, pero calculo que el tiempo final habría estado algo por debajo de 19', por lo que acabo satisfecho.

A la llegada, se echa en falta algo más de avituallamiento por parte de la organización, así que acompaño en la cafetería a Diego, Germán y otros miembros de su club, con los que comentamos las próximas carreras. Un vistazo a la clasificación muestra que Diego ha sido octavo de la general y Germán sexto, por lo que le aviso de que tiene un masaje como premio. Yo termino el 22º de 183 llegados a meta  a una media de 3:48 el km, y 2º en categoría Senior A (entre 22 y 30 años), una sorpresa que tampoco tiene mucha más importancia dado que estaba compuesta por unos 15 atletas. Tampoco hay podium ni premio por categoría.

Recta de meta
Planeaba acudir también a la San Silvestre no competitiva del día 31, pero el cansancio me pasó factura y la siesta sustituyó ese paseo. Por lo demás, tras los excesos de Nochevieja sólo he entrenado un día, mala cosa teniendo en cuenta que hoy viernes he llegado a Madrid y este fin de semana viene cargadito. Me inscribí en el Cross del Rector de mañana sábado (prueba gratuita que mantiene camiseta y regalo, una extrañeza), sobre 6,5 kilómetros, y al Trofeo Páris el domingo. Un 10 k con bastante tradición en Madrid que ya agotó los dorsales disponibles.

El calendario previo a la Rock 'n' roll Marathon de Madrid el 22 de abril se va configurando y ya estoy inscrito en la Media Maratón Villa de Madrid del 1 de abril. Me apuntaré a alguna media más, así como a los crosses del circuito universitario que serán una constante durante enero y febrero. El 30 de enero iniciaré el plan de entrenos de 12 semanas con vistas a ese nuevo reto, más duro si cabe por la altitud y las cuestas de Madrid, localizadas además en la parte final de la carrera.

jueves, 29 de diciembre de 2011

San Silvestre y... Maratón


La nueva parada maratoniana ya tiene ciudad y fecha. La cita será en Madrid el próximo 22 de abril. El MAPOMA, rebautizado este año como Rock 'n' Roll Marathon de Madrid merced a la nueva empresa organizadora, ha sido el maratón elegido tras contemplar diversas opciones.

A primera vista, sus cuestas, el calor que ha hecho estragos en otras ediciones, y la altitud de la capital, no son la mejor carta de presentación para la prueba, carente de atletas de renombre por estos motivos. Sin embargo, Madrid es mi casa este año, el sitio donde palparé el ambiente maratoniano en las calles desde meses antes, las calles por las que cada día camino y por las que espero correr y correr hacia mi segundo Maratón, esta vez con una exigencia mayor que en Valencia por ese desnivel que al parecer se acentúa especialmente en los últimos kilómetros, cuando el cuerpo va más castigado.

A mi favor juegan la experiencia de haber corrido ya esa distancia, la idea de mejorar los fallos preparatorios (más gimnasio, más kilómetros, más largas), y la motivación de contar con gente que a buen seguro me apoyará durante el recorrido.

Sevilla era imposible por su cercanía, Barcelona tenía a favor un circuito rápido y llano a nivel del mar, en contra, un mes menos para recuperar y preparar, el coste de traslado y alojamiento en Barcelona, y contar con menor apoyo. También en esas fechas había en el extranjero opciones interesantes como Rotterdam (gran circuito, muy rápido), pero para correr en el extranjero ya habrá tiempo.

Mi autoexigencia será similar a la de Valencia, bajar de 3 horas 30 minutos en un circuito más exigente, y concretamente lucharé por superar las 3h 29' 16'' en que completé la distancia de Filípides. Todo eso teniendo claro que llegar a meta ya supondrá una satisfacción plena. Queda por diseñar el plan y las carreras que antecederán la gran cita, si bien el comienzo 'oficial' de los entrenos será el lunes 30 de enero, antes estaré en algún 10 k y crosses del circuito universitario de Madrid.

Antes, mañana 30 de diciembre tomaré parte en la 1º San Silvestre Jerezana organizada por el Activa Club. 5 kilómetros que servirán para meter velocidad a las piernas, aportar a una causa solidaria, y despedir este 2011, record para mí en kilometraje con alrededor de 1.000 desde el mes de junio (antes no disponía de Garmin), entre runners y buena gente.

Al día siguiente, el 31, también se celebra otra San Silvestre organizada por varios clubs jerezanos, esta de carácter no competitivo, a la que posiblemente también acuda (si no acabo mal del partido de fútbol sala mañanero que tengo apalabrado para ese día).

Así pues, ganas e ilusión por este 2012 que esperemos sea, al margen de lo atlético, un año de recuperación y de empleo para nuestro país. Me tocó nacer en esa generación que acabó sus estudios empezando la crisis y el panorama entre los conocidos es desolador. Que el 2012 traiga más luces que sombras. Falta nos hace.

martes, 20 de diciembre de 2011

XXXI Trofeo Akiles

I'm a runner
El primer test tras el Maratón de Valencia llegó dos semanas después de haber cruzado la meta en la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Sin duda, el recuerdo más dulce desde que empecé en esto de correr. Los tres días que siguieron a dicha prueba fueron de andares lentos, de bajar escaleras con cuidado entre bromas de mis compañeros de clase, en definitiva, de recordar las sensaciones que me acompañaron durante más de 42 kilómetros.

Pero no solo de recuerdos vive el hombre, y las molestias empezaron a desaparecer y el cuerpo a recuperar su estado original. El kilo y medio perdido durante el Maratón, que dejó la cifra de la báscula en 66 kilos, se recuperó con creces, y el ansia de volver a calzarme las zapatillas apareció en forma de un par de sesiones, una suave a ritmo tranquilo de algo más de 5' el kilómetro por el Retiro, y otra más animada en el parque Juan Carlos I con varios compañeros de clase que iban en bici, haciendo 10 k en 47 minutos corriendo a su lado.

Con ese escaso bagaje posmaratón llegué a la XXXI edición del Trofeo Akiles, una prueba que compaginaba las distancias de 5 y 10 k. A esta última categoría me lancé sin saber muy bien como respondería mi cuerpo a la exigencia. La Casa de Campo era el magnífico escenario donde se desarrollaba, y tras una organización caótica que hizo esperar a los 3.500 corredores allí congregados más de media hora de fila para recoger dorsal y chip, inicié el calentamiento y los estiramientos sin saber muy bien cual sería mi ritmo de carrera, teniendo como referencia que mis últimas pruebas habían estado en torno a los 40 minutos. En la salida, como viene pasando en algunas pruebas, se inicia con cientos de corredores situados delante del arco de salida, algo que me molesta especialmente. Pasan unos 20 segundos desde el pistoletazo de salida hasta que llego a la alfombra del chip, y esos primeros 500 metros se corre mal debido a la aglomeración.

Calentamiento previo
Por fin puedo coger ritmo cuando unas pocas subidas me dejan tocadete y me dicen que hoy no será el día que bata mi marca. Pese a los problemas iniciales y las cuestas, paso los primeros 5 k en 20:14, y es ahí cuando empezamos a bajar lo que habíamos subido, amplío la zancada y marco un par de kilómetros en algo más de 3:30. Me siento ligero y bajar me gusta. El maratón no me pasa factura. El paisaje de la Casa de Campo es espectacular. Pasamos el lago en el kilómetro 8 y veo que puedo dejar el crono en torno a 40 minutos. Hago un último esfuerzo y con un último kilómetro en 3:40 llego a meta en 39:50 con una segunda parte más rápida, de 19 minutos 36 segundos, debido fundamentalmente al mejor perfil. Recojo la bolsa del corredor, me coloco el chandal y pongo rumbo al metro pues el frío ya ha llegado a la capital madrileña. La clasificación me coloca en el puesto 174 de los más de 3 mil llegados a meta.

Visualizando la carrera
Acabo satisfecho, aunque al día siguiente noto unas molestias fruto de haber forzado un poco, lo cual me hizo replantearme mi participación en una de las carreras que mas me gustan: la Media Maratón de Los Palacios, a la que, con todo el dolor del mundo, al final no asistí por resguardarme, por el coste del viaje de ida y vuelta (aún me quedan unos días de clase antes de regresar al sur el día 22), y también debido a una cena que tuve con mis compañeros de clase que acabó, como podéis intuir, a altas horas de la madrugada. Me habría gustado saludar a todos esos blogueros que sí la corrieron, pero fue imposible dadas las circunstancias. Espero que estas navidades nos veamos en alguna San Silvestre o en algún entreno en Jerez o cercanías, al que me ofrezco a acompañaros.

¡Feliz Navidad!
Sin más, ya cerca de despedir este año 2011 que tantas nuevas vivencias y nueva gente me ha permitido conocer, me despido enviandoos un fuerte abrazo y mis mejores deseos para el año que entra, que para muchos será de estreno maratoniano, y para otros de seguir haciendo crecer esos impresionantes currículos deportivos, todo ello recordando que nada sería posible sin lo más importante. Salud.
Salud para todos.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Maratón de Valencia: Un sueño cumplido

Respiro hondo y miro a mi alrededor. Una masa de corredores (siete mil para ser exactos), separados entre ellos por centímetros, aguardan los pocos minutos que restan para el pistoletazo de salida bajo el despejado cielo de Valencia. Los dorsales sujetos con imperdibles, los rostros cargados de tensión unos, de risa nerviosa otros, de seguridad en los experimentados. No todos llegaremos. Yo soy un novato. Es mi primer maratón. Mis primeros 42 kilómetros 195 metros y no conozco vida más allá de los 21,097 kilómetros. Nunca he pasado de ahí. Estoy colocado en la parte trasera debido a la masiva afluencia de corredores, por lo que me veo obligado a cambiar mi plan inicial de seguir a la liebre que marca un ritmo constante para llegar a meta en 3 horas y media por el de seguir mi propio ritmo hasta alcanzarla.
Concentrado antes de empezar


La noche previa ha sido tranquila, mi cuerpo descansó tras un día de paseo por la playa, paella en el paseo marítimo y visita a la Expo del corredor para recoger el dorsal y hacer algunas compras. Abro los ojos a las 5:49, poco antes de que sonara el despertador, programado para las 6. Pese a los nervios previos a una gran cita, no me cuesta demasiado conciliar el sueño, aunque mientras duermo mi mente divaga en sueños extraños. Sólo recuerdo que moría Cristiano Ronaldo. ¿Alguna interpretación? Duchita, cereales, vídeos de motivación, repaso que no se me olvide nada y salgo a la noche valenciana a esperar el tranvía acompañado por Mathilde, amiga francesa que hará de fotógrafa. En la solitaria parada compartimos asiento con dos hombres de aspecto sospechoso durante unos minutos. Me pregunta si estoy nervioso. Un poco, respondo. Llevo tres meses entrenando para este día. Es día de examen pero no siento el temor de los días de colegio, más bien el ansia del día de Reyes, de esos días en que esperas que pase algo especial. 

Tras el tranvía tomamos un metro y aquí estoy, en la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, en pantalón corto, con un número en la camiseta y una tirita en la nariz para respirar mejor, mezclado entre miles de corredores esperando que un tipo dispare al aire dándonos así permiso para empezar a correr 42 kilómetros 195 metros. Y todos los allí congregados, equipados de relojes con gps, ipods, y demás adelantos que nos proporciona la tecnología de hoy, corremos esa distancia porque hace más de 2.000 años un tal Filípides completó esa misma distancia, que separa las ciudades griegas de Marathon y Atenas, para avisar de que los persas habían sido derrotados para a continuación caer muerto por el esfuerzo. Suena absurdo. No lo es.
Con 42 kilómetros por delante

Llega el momento. La marea humana comienza a moverse en la parte delantera. 3 minutos después paso el arco de salida y mi cronómetro se pone en marcha, 1, 2, 3, 4... suena la canción brasileña 'Ai se eu te pego', amigos, familiares y curiosos animan, fotos y más fotos. Los kilómetros vuelan, las sensaciones inmejorables. Grupos de música tocan en la calle y suben la moral, niños que chocan la mano, jóvenes valencianas vestidas de falleras, un grupo disfrazado de pitufos pone la nota de color (azul), y les choco la mano también. Paso el kilómetro 10 en 48.20, algo más rápido que mi idea inicial, que era pasarlo en 50' ¿Me como el mundo? No. Lo he leído y releído, el Maratón empieza en el kilómetro 30. 

Las conversaciones en el pelotón de corredores son vivas, unos hablan de maratones, otros piden al público que aplaudan, y los más bromistas sueltan alguna gracia que despiertan las risas generales. El valenciano también suena, como no podía ser de otra forma, y me topo con algunos de los 400 italianos que participan en la prueba. Del 10 al 15 (donde tomo mi primer gel de hidratos) hago 23:58, un minuto más rápido que el ritmo que me había propuesto. Es difícil contenerse y me digo que puedo pagarlo al final, así que coincidiendo con que por fin me topo con el numeroso grupo que sigue a la liebre de 3h30, me quedo con ellos unos kilómetros. Ir en grupo protege del aire, pero llega a agobiarme y quiero sentirme más libre, así que los sobrepaso y veo en la camiseta de un corredor delante mía una inscripción que me es familiar. 'Unyko'. Es el nombre de uno de los blogs que sigo, el de Javier, así que lo saludo, nos preguntamos qué tal vamos, qué tiempo queremos hacer y nos acordamos de algunos blogueros más antes de terminar la conversación, no quiero gastar fuerzas ni hacérselas gastar. 

Llegamos al kilómetro 20 y tal y como he ido haciendo hasta el momento, bebo agua en todos los avituallamientos. Nos acercamos al Medio Maratón y la música de Carros de Fuego suena a todo volumen de un altavoz. Piel de gallina. Pasamos el 21 y le digo a Javier que a partir de aquí todo es territorio virgen para mi. "No te preocupes, el maratón empieza en el 30", me responde. Voy con buenas sensaciones, y tengo un colchón de 4 minutos para bajara de 3h30 pensando en un posible bajón final. Los kilómetros pasan entre gente en bici que aprovisiona de líquido y comida a amigos y familiares, público que me da alas gritando mi nombre, que aparece escrito en el dorsal, paradas a orinar de algunos corredores, estiramientos de otros, y las primeras víctimas del Maratón, que caminan con rostro derrotado por la desilusión. 
Estos iban "un poco" más rápido

El recorrido iba siendo muy llano, tal y como esperaba, por lo que me sorprenden dos pasos por sendos túneles con sus correspondientes bajadas y subidas, que realizo sin forzar demasiado. El kilómetro 30 se acerca. El temido muro, pesadilla de tantos corredores, el lugar donde se acaban los hidratos y tiramos de grasas, donde el tio del mazo te dice, chico, hasta aquí has llegado, no eres lo suficientemente bueno. No eres Filípides. Y nos baja a la tierra. Con esta carta de presentación, mi encuentro con el cartel del kilómetro 30 fue más bien cordial. "Tu no me has visto y yo a ti tampoco, ¿de acuerdo?" Pero sí que lo vi. No de frente, Dios me libre, pero si de reojo. Y cuando lo miré pude oírlo decir "ya no habláis tanto como al principio eh", "ya no os cruzáis en adelantamientos temerarios". Y nadie le respondía. Silencio y concentración zancada a zancada. 

Llegamos al 32 y una espectadora, con su mejor intención, nos advierte del logro "¡ya habéis pasado lo peor, ya habéis pasado el muro!". A lo que un corredor que marchaba cerca mía me hizo sonreír al comentar resignado "¿qué hemos pasado el muro? Yo no me he dado cuenta de haberlo pasado". Siento que mi musculatura se resiente, que ya el paso no es tan alegre, pero sin embargo los tiempos no son tan malos, sigo la inercia que he venido arrastrando hasta entonces y paso por el 35 en 2 horas 53, haciendo el tramo entre el 30 y el 35 por debajo de los 25 minutos. 

Me veo cerca de llegar a la meta. Sólo 7 kilómetros. Me digo que un poco más que como de mi casa al corte inglés y volver. Me echo algo de agua por encima, me ofrecen un trozo de plátano, se me cae y lo recojo del asfalto, me lo como, y el corredor que me había dado el plátano, me ofrece el final de su bebida isotónica "para que bajes el plátano", me dice. Lo acepto y me siento conmovido por esa solidaridad tan sincera que existe en este deporte entre completos desconocidos. Sigo avanzando y me tomo el tercer y último gel, bajo un poco el ritmo y en el 38 paso por primera vez por encima de 5' el kilómetro. Sufro y me acuerdo de los amigos del máster, que durante las semanas previas me han dado muchos ánimos y sé que están un poco pendientes de mi, veo gente andando y dan ganas de andar. "No voy a andar, voy a correr, soy como un robot, solo tengo que seguir adelante mecánicamente, cuatro kilómetros no son nada", me digo. Veo a un corredor con la camiseta del Maratón Jerez avanzar muy poco a poco, le paso sin muchas alegrías y le suelto un "vamos paisano, viva Jerez".
La meta me esperaba

Paso el 39 en 5'14'', mi cara ya es de sufrimiento. Siento la emoción, que lloro sin lágrimas, de fondo oigo mi nombre alguna vez, un "ya lo tenéis hecho" que no sé de donde proviene, los pies de los de al lado ya no van rectos, ya no puedo chocar la mano de los niños, adelanto a pocos, me adelantan algunos más, cierro los ojos algunos momentos, los abro, los cierro, el sol está arriba, de frente. No sé si hemos pasado antes por este lugar o no, no miro los edificios que me rodean, solo al frente. Veo por primera vez una nueva decena, entramos en el kilómetro 40 completando en 5'28 el anterior. "Venga que son 10 minutos", grita alguien, parece mucho tiempo, demasiado, acorto la zancada un poco más, solo hay que seguir, la meta llegará en algún momento, no se puede correr hasta la eternidad, me frenarán, esos 10 minutos pasarán, sufro pero disfruto, ya sé que voy a llegar, que desde el primer metro hasta el último no me voy a detener. Miro el reloj y sé que bajo de 3h30. Que ese objetivo personal que tenía sin gritarlo mucho por ahí por no pasarme de atrevido, se iba a hacer realidad.

Paso el 41 haciendo 5'34'', ya estoy ahí, ya llego, devoro metros y metros, "voy a ser maratoniano", uno de esos a los que con tanto respeto miraba cuando me contaban que habían terminado la prueba. Mi cara llora sin lágrimas, el público lo ve y dice más mi nombre, no cambio el ritmo por muy poco que quede. La Ciudad de las Artes y las Ciencias está ahí, me sale una sonrisa, abro bien los ojos, siento que los músculos de la pierna derecha quieren guerra, trop tard, ya no podéis hacerme nada, cierro los ojos, abro los ojos.

Ya no sonreía tanto como al empezar
Llego al kilómetro 42. 5'34 también. Quedan 195 metros. Llego a la pasarela azul sobre el agua, a la recta de meta en la que siento que soy el único corredor, miro hacia la grada, levanto los brazos desde 100 metros antes, "¡lo conseguí, sí!", me grito. Veo ahí la meta pero me parece extraño el concepto de detenerme. ¿De verdad me paro ahí? Pienso en esos días de entreno y en las veces que he visualizado el momento de cruzar la meta. Paso bajo el arco, paro el reloj. 3 horas 29 minutos 16 segundos que empezaron en 1, 2, 3 y 4. 42 kilómetros 195 metros que empezaron en 1, 2, 3 y 4. Camino con torpeza, algo aturdido, mi cara debe ser muy expresiva por el peso de los kilómetros, me sonríen poniéndome la medalla, me sonríen dándome la bolsa con agua, plátano, powerade y naranjas. Camino y durante muchos minutos sigo viendo llegar a más y más corredores, y cuánto más tarde llegan, más me fascina la capacidad de sufrimiento y voluntad del ser humano.

Lo logré. Y durante todo este viaje hacia las entrañas de Marathon siguiendo los pasos de Filípides, confirmé lo que ya sospechaba. Corremos cuando somos niños y en algún momento de nuestra vida eso termina y nos volvemos adultos. Serios. Perdemos la capacidad de jugar, de correr por el mero hecho de sentirnos más libres, de sentir el aire rozándonos durante una mañana fresca mientras el mundo duerme. 

De correr por el hecho de sentirnos vivos.

Vídeo de entrada en meta (aparezco al final): http://www.corriendovoy.com/video.php?id=475&video=33508

PD: Mi Garmin marcó 600 metros más. Los casos que he consultado coinciden en que existió error de medición del recorrido.
*Fotos cortesía de Mathilde Bazin


domingo, 27 de noviembre de 2011

Maratoniano

3 horas 29 minutos 16 segundos desde la salida a la meta y un sinfín de sensaciones inolvidables. En cuanto descanse prepararé una crónica acorde al evento.

Un abrazo a todos

viernes, 25 de noviembre de 2011

Sensaciones desde el Turia

Hace apenas dos horas he llegado a la capital del Turia tras un viaje en coche desde Madrid de unas tres horas y cuarto con sendas paradas para echar gasolina e ir al baño (la continua ingesta de líquidos tiene la culpa). Acompañado de Pablo, piloto y compañero de piso originario de Valencia y amigo desde hace una década, hemos pasado el tiempo entre música y charla antes de llegar a su casa, donde me acogerá hasta el domingo. Hasta el día D. Tras dejar las maletas le he invitado a un restaurante italiano para seguir llenando el depósito de hidratos, que buena falta van a hacer.

Para mañana me tocará el primer contacto con el Maratón, recoger el dorsal en la Ciudad de las Artes y las Ciencias (donde también nos "regalan" un plato de pasta, que por algo la carrera no ha sido especialmente barata), y de ahí un breve paseo acompañada de una amiga que no se alargará mucho para evitar el desgaste e ir a dormir tempranito.

Todo esto son hechos y planes, pero os preguntaréis ¿y las sensaciones? Pues ciertamente aún conservo una calma mezclada con una ligera sensación de irrealidad, de no creerme que los 42 kilómetros 195 metros me esperan a la vuelta de la esquina. ¿Y las dudas? Hay algunas y por varios motivos:

1. La distancia más larga que he realizado durante la preparación ha sido la de media maratón (en varias ocasiones). Una buena planificación debería haber incluido tiradas más largas que por una cosa u otra al final quedaron en el aire. Fallo.

2. El kilometraje total ha sido superior a lo que nunca antes había realizado, pero se queda en torno a los 50 semanales, algo bajo.

3. Esta semana por trabajos y exámenes del Máster no he dormido todo lo que debería.

Entre las buenas noticias de estas 12 semanas dedicadas a la distancia de Filípides destacaría:

1. He batido mis marcas en 5 k - 10 k y Medio Maratón, bajando a 1h30 en esta última, un listón que no esperaba alcanzar todavía.

2. He bajado de peso, estoy más ligero.

3. Voy con confianza y con la idea de terminar por encima de buscar un crono concreto. Para eso ya habrá tiempo.

Sobre la estrategia de carrera, la idea está definida en ir en torno a 5' el kilómetro e ir viendo las sensaciones que experimento conforme alcance distancias nunca antes vividas. Los famosos muros y tíos del mazo estarán esperando cualquier oportunidad para machacarme. Como defensa contaré con la pócima mágica digna de aldeas galas, tres geles que tomaré en los kilómetros 15, 25 y 35.

Cuando visualizo la carrera imagino una primera parte de buenas sensaciones y contención de euforias indebidas, y un último tercio de buscar motivación en mis referentes y en la gente que durante todas estas semanas me ha estado acosando a preguntas sobre el maratón, esas que todos conocemos del estilo de "¿pero ya corriste un maratón de 10 kilómetros no?". A toda esa gente a la que he contado la leyenda de Filípides, a los que me han mostrado su admiración por atreverme a lanzarme a esa distancia que muchos de los que me leéis ya conocéis en vuestras propias carnes, a los muchos compañeros de clase que lo primero que me preguntarán el lunes nada más verme será ¿qué tal el maratón?. Cuando lleguen las preguntas ¿qué hago aquí? Las frases del estilo esto es una locura etc. etc. buscaré las respuestas en esa expectación que despierta en el entorno de uno correr un Maratón, en esos vídeos que día a día he visto para motivarme, en esos entrenos por el parque del Retiro siguiendo a otros runners, en la mañana, la tarde y la noche, con y sin gente, con y sin lluvia, con y sin parejas remando en su estanco.

Estoy emocionado y estoy con ganas. El Maratón de Valencia ya está aquí. El juego va a empezar y el gusanillo empieza a moverse.

Sólo quiero cruzar la meta. Sólo quiero ser maratoniano.